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Los síntomas y su retórica en la neurósis

por Alicia Dellepiane

 

“La retórica, o el arte del orador, era una ciencia y no sólo un arte. Nos preguntamos ahora, como ante un enigma, por qué esos ejercicios cautivaron durante tanto tiempo a grupos enteros de hombres. Si es una anomalía, es análoga a la de la existencia de los psicoanalistas, y quizá la misma anomalía está en juego en las relaciones del hombre con el lenguaje, y reaparece en el curso de la historia de modo recurrente bajo diversas incidencias, y se presenta ahora en el descubrimiento freudiano, bajo el ángulo científico. Freud se encontró con ella en su práctica médica, cuando tropezó con ese campo donde se ve a los mecanismos del lenguaje dominar y organizar sin que lo sepa el sujeto, fuera de su yo consciente, la construcción de ciertos trastornos que se llaman neuróticos”
Jacques Lacan.

HISTERIA Y NEUROSIS OBSESIVA:

¿Qué preguntas organizan la neurosis? Si a la histeria nos referimos será ¿soy hombre o soy mujer? En cuanto a la obsesión será ¿estoy vivo o muerto? Hay que precisar estos conceptos con relación a la teoría lógica de los goces, ya que lo que define a una neurosis es la modalidad de la defensa que erige el sujeto para protegerse de las pulsiones.
La retórica de la histeria se inclinará por presentar la insatisfacción mientras que la de la obsesión lo hará por representaciones hiperintensas, sobrecargadas de afecto: la víctima pasiva de la seducción, en el primer caso o el activo agresor sexual que ha experimentado un intenso placer, con un exceso de satisfacción, en el segundo.
La represión, concebida por Freud como defensa primaria, es un mecanismo que produce una disociación de la representación traumática y del afecto. Pero si la histeria concluye este mecanismo poniendo el cuerpo con la conversión, el obsesivo en cambio produce ideas y actos, como ceremoniales y rituales que se imponen con carácter imperativo e irracional, con la misma finalidad. Es la estrategia que utiliza el neurótico obsesivo para cubrir con significantes cualquier emergencia de lo real que en la subjetividad se le presenta bajo el fenómeno de la angustia. En la obsesión hay un rasgo de ocultamiento de estos rituales, lo que diferencia lo colectivo de las ceremonias religiosas de estos rituales obsesivos. Además, según Freud, mientras los actos obsesivos derivan de la esfera sexual del sujeto los actos religiosos luchan contra las pulsiones egoístas del yo.

El acto analítico es una operación que Lacan expresa en acto de palabra, palabras que por vía de la interpretación modifican al sujeto. La caída de las identificaciones que producen el sufrimiento psíquico será la causa y el consentimiento de una rectificación subjetiva.
Cuando Freud analiza los síntomas obsesivos descubre que son una transacción entre dos fuerzas en pugna que producen constantes desplazamientos como actos sustitutivos que intentan la satisfacción simultánea de la tendencia reprimida y la represora. Por eso la ambivalencia es característica de la neurosis obsesiva.

En El mito individual del neurótico Lacan señala que el neurótico construye su propio mito con el que representa sus relaciones fundamentales. El hombre de las ratas simboliza la figura del padre gozador en su padre y en el capitán cruel. Las faltas del padre constituyen para él el carácter traumático en la estructuración de su neurosis. El sujeto se empeña en cumplir una orden equivocada para seguir ignorando esa verdad que ha entrevisto, en un instante, en su pensamiento: se hace siervo de una orden falsa para desconocer su goce. En esta transacción entre la representación y la defensa, formación de compromiso entre ambas, se define al síntoma.
La pulsión de muerte, presente en el autorreproche que el obsesivo ejerce con particular sadismo del superyo, es un síntoma patognomónico de esta neurosis.

En Inhibición, síntoma y angustia Freud reactualiza el concepto de defensa empleándolo como designación general de todas las técnicas defensivas del yo y pensando a la represión como una de estas técnicas, distinción que se desprende del trabajo clínico con la histeria y la obsesión.
Definirá la represión como un mecanismo psíquico que excluye de la conciencia ciertas representaciones cargadas de afecto, que son las que corresponden a las experiencias infantiles relacionadas con el Complejo de Edipo. Pero en la neurosis obsesiva se añaden otras defensas para reforzar la represión; el tipo de neurosis va a depender de la defensa empleada contra la pulsión. La fobia representa una defensa significante contra la angustia.

En la neurosis obsesiva hay tres modalidades de defensa: el aislamiento, la anulación y la regresión.
En el aislamiento el obsesivo se pone al resguardo de las manifestaciones del deseo del Otro que le provocan angustia. ¿Qué quiere de mí? Para que no aparezca esta pregunta una forma de defensa es aislarse del Otro; al separar el afecto de su representación hacia otra representación sin importancia la defensa trabaja despojando de su afecto concomitante a la representación genuina rompiendo los lazos significantes, o sea que, dispone de los recuerdos pero estos no le dicen nada. Mientras que la histeria utilizará la represión por amnesia, vía la conversión, el obsesivo utilizará el aislamiento.
La defensa protege de la pulsión pero no logra extinguirla, sólo le es posible desplazarse sobre nuevos objetos para eludir la censura.

Otro mecanismo puesto en juego es la anulación que puede presentarse como supresión o deshacer lo acontecido. Lacan la definirá en términos de anulación retroactiva. Aquí se le presenta al obsesivo la necesidad de realizar un acto e inmediatamente después anularlo con un contrario al estilo de un ritual mágico.
Mientras en la histeria la transacción entre dos tendencias contrarias se satisfacen metafóricamente en la obsesión se realizará metonímicamente.
Finalmente la regresión. En La interpretación de los sueños describirá la regresión tópica, la regresión temporal y la regresión formal. Éstas dos últimas serán retomadas para explicar la neurosis obsesiva y el concepto de fijación.
El punto de fijación desempeña un importante papel para determinar la predisposición a la neurosis. En el estadio anal para la obsesión y en el oral para la histeria.
Para Lacan será la regresión en el plano de la significación la que interesa, porque no se trata de que el sujeto regrese a etapas anteriores sino que, lo que se actualiza, son los significantes que se pusieron en juego en su relación con el Otro. El valor antitético del mismo significante, surgido de la demanda del Otro, tendrá incidencias en la relación del sujeto con el objeto excrementicio, haciéndolo participar de su ambigüedad.

Lacan en Función y campo... toma de Hegel el concepto de la realización de la subjetividad a partir de dos vertientes: la universal y la particular, de aquí considerará al lenguaje como lo universal y a la palabra como lo particular. La pregunta que surge desde esto es ¿De qué manera la cura analítica permite desanudar lo más particular del sujeto que sería la palabra amordazada en el síntoma? En este momento de su teorización Lacan dirá que la acción analítica no tiene otro fin que el advenimiento de una palabra verdadera y la realización por el sujeto de su historia en su relación con el futuro. Distingue también el registro del yo del registro del sujeto afirmando que no hay que confundir al yo del sujeto con la presencia que nos habla para distinguir, entonces, la palabra plena de la palabra vacía. En la medida en que el yo está también formado de palabras es necesario saber por quién y para quién el sujeto plantea su pregunta. “El arte del analista debe ser el de suspender las certidumbres del sujeto hasta que se consuman sus últimos espejismos. Y es en el discurso donde debe escandirse su resolución”.

Con esta orientación de la práctica analítica describe cómo se presenta la conexión del yo y del sujeto en la histeria y en la obsesión. De refinada intriga por la captura del objeto a quien dirige su pregunta dirá que es en la histeria y de pirueta circense que “dirige su homenaje ambiguo hacia el palco donde él mismo tiene su lugar, el del amo que no puede verse” será para la obsesión.

La posición subjetiva del ser depende de una pregunta que la estructura. El orden de la pregunta pertenece al eje simbólico pero se encarna en el eje imaginario. Como dijimos al principio de nuestro texto, esa pregunta para la histeria será ¿soy hombre o mujer? dirigida a la otra mujer; para la obsesión será ¿estoy vivo o muerto? arrastrando “en la jaula de su narcisismo los objetos en que su pregunta repercute, en la coartada multiplicada de figuras mortales”.

Hay que recordar que la neurosis obsesiva es una enfermedad moral donde el sujeto se reprocha su cobardía y tiene ideas mortificantes de culpa y deuda. Para poder ayudar a un obsesivo a salir de las aporías de su fantasma se necesita saber cuál es la problemática ética que está en juego en el deseo como imposible.

Lacan distingue la intersubjetividad histérica de la intrasubjetividad del obsesivo. La diferencia se sostiene con relación al deseo del Otro. En la histeria la división del sujeto está más acentuada en su falta en ser o alienación al deseo del Otro. En la obsesión el sujeto puede llegar a resignar todo contacto con el otro en un aislamiento absoluto para defenderse del deseo, sumido en sus rumiaciones y denegando la división subjetiva que produce el inconsciente. Esto puede manifestarse en formaciones reactivas, como por ejemplo, frente a un impulso asesino la contrapartida de una exagerada compasión por los seres vivos.

En cuanto a la subjetivación forzada de la deuda o trance obsesivo, se hace necesario ubicarla en el orden simbólico porque allí está en juego el deseo y la ley, lo prohibido y lo permitido, el goce y su legitimación. La deuda simbólica, de la que el sujeto es responsable como sujeto de la palabra, es una hiancia imposible de colmar y sus efectos se observan en la subjetivación forzada con síntomas, inhibiciones y angustia. El deseo aparece como deseo ilegítimo o deseo de contrabando.
En el campo del Otro cada sujeto formula una reivindicación de su derecho al goce vinculada a la deuda. Lacan llegará a ubicar la posición masculina como cuenta deudora: tiene derecho al falo pero no sin contraer una deuda; y la posición femenina como de reivindicación fálica o de crédito impugnado.

El problema del goce tanto en la neurosis como en la perversión tiene dos ejes: el fálico y el pulsional. En la psicosis, por la forclusión del falo, el goce se hace presente como goce del Otro. En la histeria y en la obsesión la reivindicación del derecho al goce se sitúa con relación al falo porque es el significante del goce.

Concebir a la neurosis como un protesto significa conferirle a los síntomas un valor de mensaje, de un derecho que el significante otorga al ser hablante, derecho a la palabra y al deseo, pero un derecho que tiene su contrapartida en el consentimiento a una deuda simbólica concebida como una hiancia imposible de colmar.

Lacan extrae de Hegel la fórmula del deseo como deseo del Otro. El deseo no es deseo de un objeto natural sino de reconocimiento. El sujeto trasciende del nivel animal al nivel humano como deseo, como falta y lo que falta es el reconocimiento del otro deseante. La duda y la procastinación, dos rasgos de carácter del obsesivo presentes en su fantasma imaginario, son explicados como consecuencia de la servidumbre del obsesivo al amo, colocándose a la vez como amo virtual, y de la dimensión de la espera de la muerte del Otro, único límite al goce que encuentra como defensa. Esta espera, ese suspenso, esa dificultad de elegir, la duda entre algo y su contrario son inherentes a la obsesión.

El analista, con un buen manejo de las sesiones breves, puede correr al obsesivo del trabajo forzado que se propone por sus resistencias, introduciendo así una mediación con la muerte.

Tanto en la neurosis histérica como en la obsesión el fantasma es una respuesta. En la histeria con relación al sexo y en la obsesión con relación a la existencia; de aquí que se pueda pensar con relación al engaño fantasmático que en la histeria se intenta engañar al deseo y en la obsesión se intenta engañar a la muerte.

El analista deberá operar para no quedar enredado en la retórica de estos síntomas, con la finalidad de devolver al sujeto la responsabilidad sobre su goce: cuando no anda y cuando vuelve a andar.

Bibliografía


- Lacan, Jacques: “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”; “Variantes de la cura tipo”; “El psicoanálisis y su enseñanza”; “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”; “La significación del falo”; “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”; “La metáfora del sujeto”, en Escritos 1 y 2, Buenos Aires, Siglo XXI editores, segunda reimpresión, 1988.
- Lacan, Jacques: “El mito individual del neurótico”, en Intervenciones y Textos, Buenos Aires, Manantial, segunda edición, 1991.
- Freud, Sigmund: “Fragmento de un caso de histeria”, tomo 7; “A propósito de un caso de neurosis obsesiva”, tomo 10; “El yo y el ello”, tomo 19; “Inhibición, síntoma y angustia”, tomo 20, en Obras Completas, Buenos Aires, amorrortu editores, segunda reimpresión, 1989.
- Goya Amanda: La neurosis obsesiva I. Lecciones introductorias a la Clínica Psicoanalítica, Biblioteca Básica de Psicoanálisis, 2001.
- Vilma Coccoz: La neurosis obsesiva II. Lecciones introductorias a la Clínica Psicoanalítica, Biblioteca Básica de Psicoanálisis, 2001.

 

 
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