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La cuestión económica de la crueldad

Jorge Luis Blidner

Las definiciones- Las crueldades- La maldad y el poder: el discurso de la eficiencia- La economía de la crueldad - El terror y la política: lo explicable- Lo inexplicable : el plus y el sin sentido- El goce individual vs la política como universal – La crueldad y las estructuras- La neurosis, la psicosis: la melancolía y la paranoia, la perversión – La crueldad como lo humano- El maltrato infantil y el abuso sexual- Los neuróticos, los psicóticos , los perversos (sadismo, fetichismo).

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Crueldad = “La calidad de ser cruel”

Cruel = “Que se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos”/ Insufrible, excesivo, sangriento , violento…” / “Lo inhumano”.

(Diccionario de la Real Academia del Idioma Español)

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Desde siempre se ha relacionado la crueldad con la maldad, como un intento de racionalización de la presencia del Mal y de este como la ausencia del Bien. Pero deberíamos distinguir las crueldades y su sentido.

La crueldad subordinada a un fin político es perfectamente explicable, tiene un sentido, tiene un fin que es el Poder y su perpetuación, el terror y la guerra son “la continuación de la política por otros medios”(Von Clausewitz), pues el poder tiene una creencia firme en su propio sostén y siempre reza a un Dios cómplice, tiene la eficiencia de su lado pues desea obtener un resultado provechoso con el cálculo de costos del mínimo gasto posible de su lado y el máximo efecto probable del otro, es del orden de lo racional y si consigue el resultado esperado se justifica inmediatamente a sí mismo, allí es donde política y eficiencia se imbrican y sostienen mutuamente pues la crueldad política refiere al discursode la eficiencia, la economía de esta crueldad es objetivable y mensurable y hasta cuantificable, nada es un exceso pues todo puede calcularse y programarse como una cinta de producción industrial, es burocrática, anónima y hasta “banal” (Hannah Arendt).

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“Sobre este encuentro: me encerraron en Tel Aviv por 24 horas. Al ir hacia mi celda los guardias me detuvieron ante la celda de Eichmann para oír que podíamos decirnos

uno al otro.... Eichmann escribía la historia de su vida...Aquel viejo gallinazo desplumado que debía dar cuenta de 6 millones de asesinatos me sonrió como un santo... Iluminado por su sonrisa, me dijo: - No estoy enojado con nadie..... ¿Me permite que le haga una pregunta personal? –le dije....-Desde luego - me contestó benigno-Pregúnteme lo que quiera.....-¿Se siente culpable del asesinato de 6 millones de judíos?- pregunté....-De ninguna manera – contestó el arquitecto de Auschwitz, el introductor de las cadenas sin fin en los crematorios, el mayor consumidor del gas llamado Ciclon-B....Como amigo del tribunal que juzgará a Eichmann, ofrezco mi opinión. Eichmann no puede distinguir entre el bien y el mal, no solo el bien y el mal, sino también la belleza y la fealdad, la bondad y la crueldad, la verdad y la falsedad, la esperanza y la desesperación, la comedia y la tragedia se amontonan sin discriminación en la mente de Eichmann... Eichmann hizo un chiste. –Escuche: acerca de esos 6 millones...-¿Sí? -Le puedo dejar unos cuantos para su libro- dijo- No necesitaré todos esos millones...”

(“Madre Noche”- Kurt Vonnegut, Jr - 1966)

 

Pero hay otra crueldad: la del sinsentido, la del plus inexplicable e incomprensible que hasta lleva al sujeto a su propia destrucción, la que es reducto del goce solitario, aquella que la eficiencia y la economía descubren asombradas como lo que se dilapida sin propósito alguno salvo el goce del sujeto repetido una y otra vez, ...como aquello a lo que pudiendodecir que no, jamás se hace..., eso que fascina a los cineastas tratando de explicar esta crueldad como producto del trauma lejano, pues para el orden actual algún sentido debe haber en este derroche de esfuerzo y trabajo tan aparentemente inútiles. El goce del sujeto es para la crueldad política un dispendio innecesario y costoso, pues para la política económica de la eficiencia una conducta así es aberrante siendo sólo digna de películas sobre asesinos seriales donde se la relega al hecho solitario y criminal. La eficiencia política proyecta así toda su crueldadsobre un ejecutor anónimo a descubrir y castigar porestar afuera del sistema....y acepta el goce de algunos individuos (víctimas o victimarios) sólo si se subordinan a su proyecto. Es el goce individual versus la política como universal. Y hasta se refleja en los diccionarios donde la crueldad queda del lado de lo excepcional.

Pero para el psicoanálisis todos los seres humanos juegan con la idea de ser crueles ; la crueldad es un hecho humano que algunos individuos encarnarán desafiante y hasta apasionadamente, y otros la subordinarán burocráticamente a cualquier sistema que la fomente y autorice. Lo que sí llama la atención es que todos buscan redimirse de su crueldad atribuyendo a algo o alguien la razón de su ser. Pero la redención ya no es un tema de los psicoanalistas, por lo menos hoy....

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El Maltrato y Abuso Sexual Infantil se han convertido en un paradigma de la crueldad actual. Pero su estudio, detección, prevención y tratamiento se han centrado, naturalmente, más en la víctima que en el victimario. Si tomamos a este último descubrimos un simplismo moralista y peligroso en dos posiciones enfrentadas: o todos son monstruos o todos son personas que repiten su historia infantil de maltrato siendo pasibles de arrepentimiento y curación controlada. Huelga decir que los profesionales (médicos, abogados, psicólogos, etc.) que lidian con este tema deben dejar de lado esta bipolaridad inspirada en el “Pegan a un niño” freudiano y atenerse a la evidencia clínica.

Y en la clínica se despliega un abanico de posibilidades con el triste y llamativo privilegio masculino de que los victimarios son en un 95 % hombres. Aquí se exhiben desde las neurosis obsesivas con o sin rasgos perversos con cierta posibilidad de culpa y angustia hasta las psicosis paranoicas tomadas parcial o íntegramente por el empuje delirante a la mujer, recordando las melancolías que sólo sueñan con el holocausto personal y familiar hasta las perversiones desplegadas.

Cabe señalar un punto: todo el Síndrome de Maltrato y Abuso Sexual Infantil gira no sobre la violencia familiar sino sobre el deseo de poder, un poder ejercido en forma absoluta de un adulto sobre un niño, donde la indefensión está al servicio de la perpetuación del poder, se busca por el terror o la seducción mantener un vínculo sistemático y perpetuo de goce con alguien que representa lo más deseado y lo más odiado. Hay un saber oculto y por lo tanto un secreto que debe mantenerse a toda costa. Es este tema del dominio del goce individual ejercido con otro, un otro que empieza a tener cada vez más importancia no sólo por el secreto sino porque si no está habrá que buscar otra persona que lo reemplace, o sea se ha hecho imprescindible y por lo tanto temible.

La economía cruel del Maltrato Infantil es individual y construye su propia plusvalía fuera del sistema de producción imperante, sólo sirve al ejecutor y, en cierta forma, a su víctima. Por ello es mal vista hoy en día por la cultura imperante y sus leyes, más allá de la moral y las buenas costumbres o los tratados internacionales, por requerir un trabajo monumental de sujeción, coacción y elusión. En otras palabras, es antieconómico y deviene un ejemplo del goce y la crueldad individual antedichos que no se explica más que por sí mismo....

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“Por otra parte, si hubiera que tamizar mis actos, ese matiz a emplearse debería llamarse Sufrimiento. Soy un hombre que ha padecido mucho....Lentamente se agrió mi natural bondad convirtiéndome en un sujeto taciturno e irónico....Porque en vez de felicitarnos del nacimiento de una criatura deberíamos llorar de haber provocado la aparición en este mundo de un mísero y débil cuerpo humano, que a través de los años sufrirá incontables horas de dolor...” (“El Jorobadito”- Roberto Arlt – 1933)

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Por todo esto, hay gradaciones llamativas en la crueldad de los maltratadores. En las neurosis obsesivas señaladas se oscila de la explosión de violencia y/o el contacto sexual hasta la vergüenza posterior, el arrepentimiento aparente, el autoreproche, el odio a la víctima y el volver a empezar. No aparece la indiferencia ni la negligencia, al contrario el niño representa lo más importante para ese adulto. Hay posibilidad de culpa pero se vuelve tan persecutoria para el individuo que ataca a su representante. Hay un acting pero no pasaje al acto, siempre se sabe lo que se está haciendo y que es moralmente reprochable pero un sentido personal retorcido de la justicia culpabiliza a la víctima de lo sucedido. La crueldad sistemática está ausente en este item, y es posible el trabajo analítico y terapéutico siempre y cuando no se caiga en la ingenuidad de olvidar que la responsabilidad está de este lado y la víctima del otro lado.

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“Las mujeres son como los grajos, de ingratas y malignas....Siempre estaban diciendo: “el angelito que un mal aire se llevó!..’’ la criatura que era mismamente un sol!’,’Y la agonía!’, ‘Que ahogadito en los brazos lo hube de tener!’...Parecía una letanía, agobiadora y lenta como las noches de vino, ....Y así un día, y otro día, y una semana, y otra...Aquello era horrible, era un castigo de los cielos, a buen seguro, una maldición de Dios!. Y yo me contenía. “Es el cariño-pensaba- que las hace ser crueles sin querer.” (“La familia de Pascual Duarte”- Camilo José Cela – 1942)

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En la Melancolía el dolor exquisito destruye al individuo con la carga sádica de una pérdida definitiva, de la que sólo puede salir perdiéndose a sí mismo y a los que lo rodean que son aquellos que él sabe con certeza no merecen padecer este mundo. El abandono y la negligencia así como los homicidios de una familia por uno de sus miembros se alimentan de esta patología (que se han dado en llamar, curiosamente, suicidios y homicidios “altruistas”). La crueldad es terrible pero está reservada sólo para el sujeto y su culpa inextinguible. El entorno social de frustración sin salida potencia y provee a través del colectivo imaginario estas cuestiones.

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“La miseria vuelve miserable a la gente...” (“La Calle de los Caballos Muertos”- Jorge Asís – 1982)

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En las psicosis paranoicas el delirio actúa sistemáticamente, no hay indiferencia ni negligencia ni abandono, simplemente se delira con los actos que son todos de carácter reivindicativo y defensivos ante lo monstruoso del discurso interno. Se maltrata pero no se sabe ni se entiende el que y el como. El niño sólo es un accidente circunstancial que deviene el objeto a reivindicar y redimir. La crueldad se da por el exceso, no hay deleite ni complacencia en el padecimiento ajeno que nunca es reconocido.

Sin embargo, si buscamos el paradigma de la crueldad, por lo menos para los diccionarios oficiales, las perversiones son su más magnífico ejemplo. Pero no todas son iguales y ese es un punto donde la clínica tiene algo para decir. Hay dos alas en esta cuestión: la primera refiere al sadismo. Aquí hay indiferencia depravada, una negligencia ominosa y un no reconocimiento de ley ni persona alguna; aparece un cálculo frío y sistemático, un tétrico deleite. El objeto a gozar es llevado al límite de la destrucción y si sigue vivo es sólo por una cuestión utilitaria económica y legal. El maltrato físico es abominable y la crueldad individual tiene una sistemática perfectamente organizada. Pero para asombro de los especialistas hay otra rama de las perversiones donde el victimario rechaza totalmente la idea de la crueldad. Este perfil dice estar poseído por el amor al niño, evita el maltrato físico, lo cuida y protege meticulosamente, y sólo lo toma como partenaire sexual en un rapto de amor sin frialdad ni indiferencia alguna pues exalta la idea de que todo amor debe ser permitido, viendo como monstruos a los que ejercen el sadismo descripto previamente. Esta posición debería bautizarse como una rama del fetichismo, y merece su estudio sistemático.

Buenos Aires, Diciembre de 2004

 

 

 
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