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CÍRCULO DE ACTUALIZACIÓN EN HISTORIA

 

El Círculo de Actualización en Historia se interesa en cómo el psicoanálisis ha construido un modo discursivo que dio lugar a una historia particular en la Argentina. La propuesta no es una simple trascripción de hechos sino leer cuál es la política que produce determinados efectos. La práctica del psicoanálisis en nuestro país nos inclina a investigar diferentes planos de discursos, literarios, artísticos, religiosos, donde los significantes amo pudieron componer y recomponer sus líneas de influencia.

 

Marcelo Izaguirre y Graciela Musachi - Asesores

Graciela do Pico y Sofía Winitzky - Coordinadoras

 

Correspondencias

 

La Creación es un templo donde vivos pilares

Dejan surgir a veces unas voces oscuras;

Allí los hombres pasan a través de espesuras

De símbolos que observan con ojos familiares.

Como confusos ecos que a lo lejos se ahogan

En una tenebrosa y profunda unidad,

Vasta como la noche, como la claridad,

Perfumes y colores y sonidos dialogan.

Y así hay perfumes frescos como recién nacidos,

Verdes como los prados, dulces como el oboe,

Y hay otros triunfadores, densos y corrompidos,

Todos de una expansión infinita movidos,

Como el almizcle, el ámbar, el incienso, el aloe,

Que cantan los transportes del alma y los sentidos.

Ch. Baudelaire

 

Raúl Gustavo Aguirre tradujo este soneto que para muchos constituye el acta de fundación del simbolismo.

Para el autor de Las flores del mal, misteriosos vínculos unen en el universo aquello que nuestros sentidos sólo perciben por separado y, algunas veces, de modo aberrante –“aberraciones perceptivas”, dirá Lacan en su seminario sobre Las psicosis–. Por este motivo el poeta insistió en el uso de un lenguaje “flexible y lo suficientemente desasido como para ceñirse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño, a los sobresaltos de la conciencia” (Prólogo de Le Spleen de Paris).

Tal vez el modo epistolar en el psicoanálisis sea una constante que marca el inicio de algo nuevo. Freud inauguró su análisis con Fliess escribiéndole. Lacan colocó al comienzo de sus Escritos una carta, una carta robada, The purloined letter, de Poe. Miller hizo lo propio. En los albores de la tercera época institucional del psicoanálisis -según su decir- cada destinatario sabrá qué hacer con su destino. Nosotros, pampeanos –como gusta decir Germán García– nos pondremos los anteojos verdes de Dupin para leer al poeta bendito. Su Correspondance guarda ecos del eco de palabras oscuras, miradas familiares, espesuras de símbolos.

Al principio el Módulo se llamó Clínica y política en la correspondencia de Sigmund Freud, pues fue la lectura de ese epistolario, más los testimonios publicados, el lugar elegido para investigar el cruce de la clínica y de la política en el psicoanálisis. Luego las referencias se fueron desplazando y,  bajo la evocación del soneto de Baudelaire, el módulo se llamó simplemente Correspondencias.

Los orígenes, Freud/Fliess, fueron revisitados. Si nadie puede dudar, como dice Walter Otto,  que el arco y el son de la lira le pertenecían al divino Apolo en tiempos arcaicos y, muy probablemente también, la profecía; quién pondría en tela de juicio la férrea voluntad atea del viejo sabio judío de Viena y la correspondiente intuición de una configuración de la fantasía y el recuerdo recuperado.

El fantasma de la religión ha rondado siempre en la teoría psicoanalítica, a tal punto que tanto Freud, quien justamente escribió sobre el porvenir de la ilusión religiosa, como Lacan, que hizo tan popular su aforismo triunfo de la religión, fracaso del psicoanálisis, siempre especularon con ella en términos de futuro. Hoy es el futuro.

 

John Forrester: Sigmund Freud, Partes de guerra. El psicoanálisis y sus pasiones. Gedisa, Barcelona, 2001.

Sin duda que a Forrester le interesan aquellos aspectos del psicoanálisis que lo ubican en un lugar polémico y controversial. Tanto el título del libro como los temas y ensayos elegidos dan testimonio de su gusto por aquello que despierta curiosidad y que provoca posiciones encontradas. En un estilo ameno, por momentos novelesco, aunque un tanto “vueltero”, el autor desarrolla sus argumentos. El acento está puesto en colocar al psicoanálisis y a su fundador en el famoso banquillo: que dé sus razones.

El trasfondo es la discusión sostenida entre anglosajones y franceses sobre el estatuto del psicoanálisis; esto es, como dice Forrester, entre “el estilo norteamericano y el de Lourdes”.

Frente a los “apologistas modernos de la ciencia”, que se sienten particularmente horrorizados por el hecho de que la verdad pudiera ser desleal, Freud responde, en un diálogo póstumo, que Forrester inventa, que el psicoanálisis sigue haciendo alarde de la infidelidad de la verdad.

Como una comedia de enredos describe al psicoanálisis, haciendo caso omiso de la experiencia radical que Freud instaura, reduciéndo su práctica “al ejercicio de la actuación teatral” en tensión con “la ética de la honestidad que proclama su teoría” (p.17). Para sostener sus hipótesis se detiene en la relación entre Freud y Sandor Ferenczi en un capítulo que titula con el nombre “Víctimas de la verdad”.

Por un lado, la originalidad de Forrester consiste en señalar que la posición libidinal de Ferenczi era enamorarse de aquellos a quienes decía la verdad, y en subrayar a esta posición como la clave de la relación que tuvo con Sigmund Freud. Y, por otro, que la relación a la verdad distaba de ser similar para ambos: uno, fanático de la verdad, el otro, prudente.

El caballito de batalla del libro es la pregunta: ¿Puede una autobiografía fundar el psicoanálisis? Pero, ¿qué encubre la pregunta derridiana? Cuando se parte de hablar en primera persona, ¿cómo se puede extraer algo conceptual? Freud, dentro del paradigma cartesiano, saca la certeza del sí mismo al revés del conductismo.

La producción de conceptos responde a la transformación de los efectos del psicoanálisis operada por su propia difusión en el campo de la cultura. Es decir cómo se responde con una dinámica de la contingencia a esa transformación.
Esta hipótesis sostenida por Jacques Lacan en diferentes momentos de su enseñanza, no ha sido considerada en los partes de guerra que Forrester, bajo una interpretación sociológica, transmite en su libro.

Graciela do Pico y Sofía Winitzky

 

 
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