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LA ACTUALIDAD DE MASOTTA EN EL ARTE

MARCELO IZAGUIRRE / CENTRO DESCARTES

En el mes de setiembre con motivo de la aparición del libro Oscar Masotta, La revolución en el arte, que comprende gran parte de los textos que Masotta dedicara al arte, se realizó una reunión en el Centro Descartes de la cual participaron Ana Longoni, quien realiza la compilación de los trabajos y un extenso y excelente estudio preliminar, junto a Roberto Jacoby y Germán García. En el desarrollo de la reunión se pondría de manifiesto el reconocimiento de la actividad de Masotta dentro de la crítica de arte en los años ‘60. Esta actividad fue promovida como producto de una feliz coincidencia de la contingencia: poco tiempo antes que apareciera el libro, desde el Centro Descartes se había lanzado la formación de la Asociación de Amigos de la Fundación Descartes a iniciativa de Beatriz Gez, vinculado a los 20 años del “proyecto Descartes” y con el objetivo de armar el Archivo German Garcia. Era la actividad indicada entonces, la presentación del libro sobre Masotta y la revolución en el arte, en el marco de la presentación “oficial” de la Asociación y coincidió ello con el interés de Ana Longoni y la editorial Edhasa, que dicha actividad se realizara en el Centro Descartes.
Germán García abrió el debate destacando que lo importante del planteo de Ana Longoni es que se puede pensar el término revolución en relación con el tema del compromiso sartreano y un cierto marxismo aggiornado que se hiciera cargo del arte pop. Esa conjunción o tensión entre arte y política era una novedad difícil de ser pensada ya que lo que en el arte se conocía como la vanguardia, se planteaba como militancia desde la política. También, a partir de la lectura de ese estudio preliminar se puede pensar alguna novedad con respecto a la práctica revolucionaria, la que quedaba reservada o pensada más bien del lado del grupo Espartaco. Allí intercedía una posición voluntarista de Masotta en tanto entendía que ser revolucionario implicaba ser de vanguardia.
Por su parte Ana Longoni comenzó destacando que le llamó la atención en su momento la ausencia de toda mención a los aportes que realizara Masotta en el arte experimental de los años ‘60. Algo que en su momento también ocurriera con su producción en el campo del psicoanálisis. A diferencia de lo que ocurría en ese campo, cuestiones estrictamente políticas, según ella, en el terreno del arte esa ausencia sería atribuible a la incomodidad que presenta su figura y los diversos pasajes o cruces de campo. Esto por cierto es lo que ocurría con sus compañeros de ruta en el campo de la crítica literaria y la política. Algo que según Longoni le daría su condición de “marxista ilegítimo”, que dio lugar a la crítica de algunas personas pertenecientes al campo de la izquierda intelectual, en particular G. Klimovsky. Se trata de una alusión a lo que está presente en su trabajo de recopilación, la crítica de Klimovsky a quienes realizaban happening, por entenderla como una actividad frívola frente al padecimiento del hambre y otras cuestiones, ante lo cual Masotta escribió su artículo “Yo cometí un happening” donde ponía de manifiesto la falsedad de la alternativa entre happening e izquierda, pero además señalaba que Klimovsky no podía ser ubicado en la izquierda.

No dejó de señalar el carácter de avanzada que tenían sus trabajos sobre el pop art. Entre ellos su definición del pop como borramiento de la subjetividad y una crítica radical a “todo realismo del objeto”, un arte en el que siempre el objeto está mediatizado por los lenguajes. Es una perspectiva para pensar el encuentro posterior que tendrá Masotta con la obra de Jacques Lacan, en tanto esa posición respecto al objeto en el arte daría las condiciones de posibilidad con el encuentro de esa obra en tanto Lacan, entonces, enfatizaba el poder del lenguaje.

La condición de crítico agudo de Masotta estaba dada por ser el que introdujo un género casi inexistente, postulado como antihappening más que happening, del cual participaron otros como Escari, Costa y Jacoby, y por el permanente estímulo del pensamiento que contribuyera a la aparición de un momento efectivamente de vanguardia como lo fue el arte de los medios. Ello estaba basado en el tema de la discontinuidad de Roland Barthes, la ambientación de McLuhan y la desmaterializaión de Lissistsky. En relación con este concepto importa destacar, como lo había hecho Roberto Jacoby en la actividad realizada en el Centro Descartes (septiembre 1999), en su artículo Vanguardia y comunicación, (que fue tomado por la crítica norteamericana Lucy Lippard, una de las más importantes críticas del arte conceptual, en su libro sobre Desmaterialización del objeto del arte del ‘66 al ’72), –pero más allá de la primacía como expresara Ana Longoni–, el hecho que Masotta hubiera hablado con su grupo de la desmaterialización después del pop, da una idea de lo avanzado que resultaban sus ideas, poniendo en relación temas que no habían surgido con tanta fuerza en los centros como Francia o Nueva York.

A su turno, Roberto Jacoby llamó la atención sobre el silenciamiento mencionado por Longoni, señalando la ausencia de Masotta en las referencias bibliográficas y su papel fundamental en la crítica y producción de los ‘60 como un desfalco. La responsabilidad de ese silencio habría que encontrarla en el papel fundamental que cumpliera Glusberg en los últimos 30 años, papel que comenzaba a desdibujarse y esa era la razón por la cual podía pensarse de otra manera la producción de esos años. Dicha posición no fue compartida por Longoni, por dos razones, por un lado sería atribuir demasiada importancia a la figura mencionada, pero por otra parte se restaría importancia a la condición de avanzada de la producción de Masotta. Y es justamente dicha característica a la que habría que atribuir el tiempo del silencio, es en definitiva el tiempo que necesitaba para imponerse una producción de semejante envergadura, para comenzar a ser leído. Ya que no había un ojo de época en condiciones de leer dicha producción.

El silencio sobre Masotta fue similar al producido en el campo del psicoanálisis, donde habría que decir que hubo razones cercanas a las expuestas por Jacoby, es decir políticas, ligadas a la fuerte presencia de algunas figuras que se encargaban de no considerar su producción, y por otro lado quienes hacían uso de algunas conceptualizaciones suyas, como era el caso en el ámbito universitario, donde no era citado. Resultó interesante en tal sentido, escuchar el modo en que Ana Longoni se había acercado a la obra de Masotta, por una referencia de Nicolás Rosa donde alertaba sobre sus trabajos referidos al arte, es decir, por la vía universitaria desde la crítica literaria.

En cuanto a la aparente ingenuidad de combinar vanguardia política y vanguardia artística o supuesto voluntarismo, dirá que no veía en ello nada de ingenuidad sino que era la característica de la vanguardia de entonces, que tendía a la politización y donde se creía que hacer vanguardia era hacer política revolucionaria.

Ricardo Piglia remarcaba el ojo clínico de la lectura de Masotta. Relacionado con el modo de lectura inscripto en una tradición argentina que se observaba muy bien en Borges. Al leer una obra Masotta podía resaltar rápidamente el punto de importancia de la misma, registrar los detalles que la convertían en una obra diferente. Y en ese sentido es comparable a la tarea que en literatura realizara Manuel Puig. Esa tradición implica saber usar una obra. Es lo que sucede cuando Masotta accede a la lectura de un artículo de Lissistsky a través de la Nouvelle Revue donde se encontró con la posibilidad de pensar la combinación de arte y política. Otra característica era la diversificación de su actividad, algo también inscripto en la tradición de los escritores argentinos (Sarmiento es el paradigma de ello). Eso lo condujo de la crítica literaria a la crítica de arte y de allí a dar cursos para arquitectos y luego al psicoanálisis.

Respecto a la consideración de la vanguardia que hará Masotta, Longoni destacaría que define vanguardia por cuatro rasgos: el arte contemporáneo en diálogo permanente con la historia del arte, es una condición particular de este momento. Luego, la define como obra abierta, obviamente en diálogo con Humberto Eco. Luego, que la dinámica de la vanguardia tiene que ver con una ruptura con el movimiento de vanguardia inmediatamente anterior, ruptura con la tradición, incluso con la tradición de vanguardia. Y por último dice que la obra de vanguardia se caracteriza por la hibridación de géneros en ese momento. Por eso el happening es considerado una obra de vanguardia.

En Después del pop, luego de hacer saber que la política interior y exterior argentina no era menos seria ni menos escandalosa que la de otros países de Occidente, Masotta señalaba las dificultades que tendríamos para darnos la política que queremos, por los límites de una estructura que determina y decide por nosotros, “una ‘realidad’ que sólo es nuestra a fuerza de ser ajena”.

No obstante, con relación a esa fuerte correlación entre arte y política propia de las vanguardias y de la época como expresaba Jacoby, no hay que olvidar lo destacado por Germán García en cuanto a que la práctica revolucionaria quedaba reservada al grupo Espartaco. Y como ha señalado Enrique Acuña, siguiendo lo desarrollado por Masotta en su artículo sobre los medios de información de masas y en Happenings, vemos que estudia correlaciones históricas entre surrealismo y psicoanálisis o entre estructuralismo y semántica, dando lugar a un pensamiento que lo separa de la vanguardia política entendida como el “intelectual comprometido” u “orgánico”. Lo que explicaría sus diferencias con el ya mencionado Klimovsky. Pero entiendo que también para esa época se estaba distanciando tanto de Sartre como de la oleada vanguardista que -al decir de Hans R. Jauss- había fracasado en el intento de disolver el arte en la praxis política. Si bien afirmaba que “en arte sólo se puede ser hoy de vanguardia”, no adhería a la idea de la obra de arte como paradigma de la representación de la realidad, por ello su trabajo sobre el arte de los medios, (con un grupo también de avanzada), donde diferenciaba la actividad que realizaban del neo-realismo italiano, afirmando que no se podía intentar mostrar la realidad, cuando ella ya ha sido comentada y sobrecomentada precisamente por los medios.-

 
El Murciélago Magazine Freudiano Abril/Mayo 2005