Germán García - Archivo Virtual / Centro Descartes, Buenos Aires

Psicoanálisis en la Argentina. Notas para su historia

# (15 de agosto 2014). Psicoanálisis en la Argentina. Notas para su historia. Conferencia. En el marco de la entrega de la nominación Doctor Honoris Causa. Universidad Nacional de Córdoba. Recuperado de canal Sinthoma y Cultura, link.


Me disculpo de todas las fallas que tenga lo que pueda decir, es la primera vez que me encuentro en una situación como esta. Yo tengo temas que son aforísticos y otros enciclopédicos. Para esta ocasión opté por ubicar primero dos aforismos. Uno de Sigmund Freud, que dice: El destino es un deseo que se cumple. Pensé varias veces este aforismo porque especialmente no duermo en los aviones, entonces cuando viajo son buenos como una especie de koan budista. Frase enigmática a la que puede dársele muchas vueltas. Si Freud quisiera decir algo respecto a las contingencias de la vida, es una tontería: la caída de los aviones o cosas por el estilo no son deseos que se cumplan. Pero creo que no se refiere a las contingencias de la vida sino al programa silencioso, implícito, que hay en una vida que soporta los efectos de ese programa como un destino.

Me parece que se puede entender este aforismo de Freud, en relación a su idea de que cuando soñamos las representaciones del sueño se dirigen a una representación meta que es la que satisface el deseo. Quizás nosotros andamos alegremente por el mundo paseando esa frase que ignoramos y que de haberla sabido trataríamos de evitar.

El otro aforismo lo dijo Jacques Lacan y no hizo ningún efecto en los lacanianos, ni en nadie que yo sepa: La represión viene del futuro. Es un aforismo curioso. ¿Quién no sabe que viene del pasado? Que viene de nuestra triste educación infantil, de las represiones que produjeron nuestros padres, etc. Pero esas frases sabidas quizás no sean ciertas. ¿Será una provocación de Lacan?

Pero si uno piensa en esta pregunta ¿cuál es el horizonte de expectativa que ordena la vida de cada cual? Quizás la represión sea ese horizonte de expectativa. Si el horizonte de expectativa es, supongamos, ser un buen padre; no parece lo mejor ser un Don Juan, porque los buenos padres no andan seduciendo por ahí. Entonces el horizonte de expectativa que tenemos está determinando lo que excluimos. No se trata de un trauma infantil, sino de la propia expectativa, de una imagen de nosotros mismos que nos dirige y nos guía.

El tema de la historia de psicoanálisis.

Empecé a escribir sobre historia como consecuencia del golpe de Estado de 1976, me gustaba ir a bares, charlar y hacer reuniones. De pronto hubo que abandonar eso. Mi casa estaba frente al Parque Lezama donde había kioscos de libros. Encontraba entre libros antiguos algunos que eran de psicología y que me resultaban disparatados. Alberto Palcos, José Ingenieros y tantos otros. Para entretenerme en casa, en las horas libres, comencé a escribir un libro algo cómico sobre la historia del psicoanálisis. Más que de psicoanálisis era de la psicología[1]. Al menos al comienzo. Tenía la intensión de parodiar el Moisés de Freud, quien quería llamar a su libro Novela Histórica. Una construcción significativa en torno a Moisés.

Como lo demostró Edward Said, el libro resultó de un valor político singular. Para que nos ubiquemos, era en el ‘30 y ya estaba el nazismo ahí, con todas las dificultades, con los efectos de muerte y dispersión que por supuesto afectó el proyecto de Freud tanto en Viena como en las demás ciudades de lengua alemana. Freud dijo que si publicaban ese libro en Viena iba a ser un problema para los que aún quedaban y que no era motivo para un martirologio y punto. Eso dijo de su libro…pero lo escribió.

El libro tiene cosas muy impactantes si uno las pone en contexto. Hace poco me invitaron a dar una conferencia en el Programa sobre Edward Said en la Universidad Nacional de San Martín y les propuse hablar del Moisés de Freud.

Ustedes saben que Edward Said fue un autor palestino que escribía sobre política de la cultura. Tiene un libro muy conocido llamado Orientalismo. Me ocupé del libro de Said: Freud y los no europeos. Es un análisis del Moisés de Freud, que se desmarca de la discusión sobre la existencia de Moisés, de la calidad de la información histórica de Freud, etc. Se detiene en otra cosa, que se puede leer desde un trabajo hecho por Jean-Joseph Goux que escribió Numismáticas, sobre lingüística y economía. Era del grupo Tel Quel. Schmucler, aquí presente, puede acordarse. Goux tiene un trabajo sobre Moisés y cita un testimonio de un edecán de Hitler del año ’32. Hitler en una discusión sobre sus ideas homicidas, grita: “no puede haber dos pueblos elegidos, nosotros somos el pueblo de Dios”. Entonces, parece inverosímil que Freud haya acertado en pensar que ser, para los judíos, el pueblo elegido de Dios no era una buena noticia. Ese lugar era más bien una carga, y no se sabe cuál era el elemento positivo de esa carga. Y que podía llevar a eso, por ejemplo que otro pueblo llegara con una identificación homicida a atacar a su pueblo como un sujeto puede atacar su propia imagen.

Nunca se ha pensado esos temas políticos en Freud porque se cree que al psicoanálisis hay que darle un suplemento de política, no entenderlo a él mismo como un discurso político. Creo que al psicoanálisis no hay que agregarle un suplemento de nada. No es que si le agregamos el marxismo nos da freudomarxismo o el lacanismo, nos da la política lacaniana.

No hay que agregarle nada, me parece que hay que explicitar la política de un discurso. Y la política de ese discurso es lo que uno hace ¿Qué hacía Freud? Se sabe lo que Freud hacía. Era un señor liberal, seguía un modelo liberal, profesional, que recibía gente en su casa y tenía la idea de una singularidad subjetiva de manera que las generalidades sociológicas no lo conmovían demasiado. Wilhelm Reich vuelve de la Unión Soviética muy entusiasmado y le dice a Freud: “que la revolución, que esto y lo otro…” Y Freud le responde: “quizás exista un cambio de la sociedad. Sería interesante saber ¿qué tenemos que ver nosotros con eso?”

Si ustedes quieren les doy argumentos en contra de Freud. Pero el argumento en contra nos va a conducir siempre a una cosa holística: deberíamos todos ocuparnos de todo, eso quiere decir el bien común. Pero el bien común como generalidad no es el bien en particular de nadie y quizás no habría que ocuparse tanto del bien común y ocuparse más del bien de cada uno, del que uno se cruza en el camino. Me parece que Freud es así.

Y lo difícil de la historia del psicoanálisis es que es una historia de pequeños amores, odios, malos encuentros. No es una historia grandiosa, es una historia pequeña, digna hija del romanticismo del que surge el psicoanálisis. En esta sala está un amigo que vive en México, me hizo acordar que estuve en México hace unos años charlando de por qué el lacanismo mexicano iba para allá y no para allá, había cosas que eran conmovedoras.

Cuatro argentinos exiliados le dicen a un francés: hagamos un cartel[2]. El francés tal vez no quiso ser utilizado de insignia de los cuatro y no les contestó. Los cuatro sintieron la obligación perentoria e histórica de armar una corriente en otro sentido, pero era simplemente el dolor de un amor no correspondido. Y sin embargo tuvo efectos, porque ahora hay mucha gente que está en esa corriente convencida, van a escribir libros, argumentar de porqué están ahí y no en otro lado. Entonces de todas esas cosas está hecho el psicoanálisis…de tonterías. Pero también la vida de uno está hecha de tonterías.

Por eso es que la psicología -pido disculpas a los que se identifican con esa palabra- gusta más, porque muestra que grande que somos y como un mundo exterior nos impide desarrollarnos como corresponde. La psicología muestra que cada uno de nosotros reprime su talento, y el psicoanálisis responde: ¿existirá tal talento? ¿Será verdad que reprime algo la persona? Porque puede ser que no reprime nada y es así y ya está. Entonces creo que la psicología es más sociable, más confortable que el psicoanálisis.

Freud escribió casi al final de su vida un artículo que se llamaba El problema de la concepción del universo, la famosa Weltanschauung. Freud tomó cuatro términos para trabajar: la ciencia, la religión, el arte y la política. A tres de esos cuatro términos, les dijo que el psicoanálisis no necesitaba ninguna concepción del universo; en su manera de pensar la racionalidad era la de la ciencia.

Eso quiere decir que Freud, obediente con el clima positivista de su época, se ubicaba al lado del rigor científico dispuesto a variar su invento, según sea desmentido o no por ese discurso  llamado científico. Se oponía radicalmente a la religión. La religión también es buena como la psicología. Es justamente lo que tienen de bueno, lo que las hace sospechosas. La religión resuelve mis problemas morales, resuelve los problemas del origen del universo, resuelve los de la muerte. Le da un sentido al dolor, un sentido al sufrimiento. No se podría decir nada contra lo que la religión se propone. Si todo es así, no hay nada que hacer, decía Freud. El psicoanálisis no tiene un sentido para eso. La sospecha de Freud es contra los discursos holísticos, que funcionan como una vaga totalidad que les permite desplazarse de un sentido al otro y estar siempre en el lugar que conviene, entonces deja la religión. Después toma el arte, lo toma como un juego de niños. El arte es a los adultos lo que el juego es a los niños. Y, de la política habla de los bolcheviques, no del marxismo porque Freud no lo conocía. O bien lo conocía y no decía nada. Habla de la revolución bolchevique y dice que ellos creen que en dos o tres generaciones la modificación de las condiciones sociales y económicas va a crear una modificación también de la mentalidad. Basta de las maldades, de pequeñeces. Al tratar de vivir mejor va ser mejor. Freud dice que lo lamenta pero que no lo cree. No dice que sí ni que no, sino que no cree que pase eso. Bueno ahí está la historia, pasaron dos o tres generaciones y se puede ver. 

Para Freud el inconsciente es conservador, el inconsciente tiende a la repetición: llevaba esto a al punto de proponer que todo lo que existe quiere volver a lo inanimado. Suena patético. Freud se vale de una metáfora de la segunda ley de la termodinámica, que estaba en boga cuando escribe esta frase: lo que existe va a desaparecer, el universo se disolverá. Un mito cosmológico, como lo llama Harold Bloom.

Entonces, cuando un grupo psicoanalítico se separa de otro, el argumento es una consigna: ¿por qué se separan? Por lo teórico. Ahora, lo curioso es que en cualquier grupo dónde las relaciones internas funcionan nadie discute teórica. Cada cual disparata a su manera y nadie discute. Cuando hay una pelea por algo -quién está arriba quién abajo, quien manda y quien obedece- se acuerdan de las diferencias teóricas y llegan a tener alianzas científicas con tipos que hasta ayer detestaban. Es evidente que la pelea de Freud con Jung no es por el arquetipo.

Freud le decía a sus amigos, que eran una banda muy simpática -Lacan la compara con los mendigos de Viridiana, la película de Luís Buñuel-. “Jung, será mi heredero”. Los otros empiezan a conspirar contra Jung. ¿De dónde salió este tipo para ser heredero? Jung tenía sus ventajas, era suizo, conectaba con algo exterior, estaba bien económicamente. Eso también se tenía en cuenta, porque había que editar revistas y esas cosas. La banda de Freud dijo: “No, no queremos saber nada con Jung”. Freud respondió: “Jung es el único goy que tenemos. El psicoanálisis no puede ser una cuestión nacional judía”. El argumento científico: nos viene bien un goy suizo. A Freud no le importaban los arquetipos o la cuestión mística, le importaba como organizaba el movimiento. Me detengo en Freud porque creo que no es cierto que Lacan es un retorno a Freud. Lacan hizo una operación de traducción de Freud, es decir Lacan pasa a Freud a la cultura francesa, y en la misma operación transforma el psicoanálisis. Nosotros no podemos creer que alguien que inventa un vocabulario, que cambia los conceptos de lugar, que elimina y sustituye, es sin embargo Freud en versión… ¿qué? No, Lacan hizo una operación inédita. Él dice el retorno a Freud es el retorno al sentido de Freud, la discusión sería responder a la pregunta que implica el sentido de Freud. Pero no se puede sostener que Lacan dice en francés lo que Freud escribió en otra lengua.

Lacan desplegó cuatro temas y utilizó como elemento retórico las causas aristotélicas, en un texto que se llama La ciencia y la verdad, identificó la causa eficiente con la magia. Es curioso que ponga la magia dónde Freud ponía el arte, un lugar de creación de ilusiones. La causa formal, en el sentido del formalismo epistemológico, la ciencia. La causa material, el psicoanálisis, en el sentido que el psicoanálisis se refiere a cuerpos que hablan. Como decía Lacan las palabras son algo material. La causa final, la religión, en tanto es oscurantista siempre había una causa final. Cuando uno explica algo por la causa final, es como empezar la cuenta al revés. Lacan tenía formación religiosa y decía “si la religión triunfa el psicoanálisis fracasa”. Esa es la conclusión de Lacan. Qué se viene una época alegremente religiosa. Nosotros estamos bien mientras dure el Papa, tenemos un lugar en el cielo.

He traído el libro de Reinhart Koselleck Aceleración, prognosis y secularización que trabaja estos temas: Creo que trabajar sobre la religión es importante porque está presente, por estructura familiar, etc. Un ejemplo: dos personas que se están muriendo, un científico ateo y otro creyente. El creyente muere con cara angelical porque va encontrarse con Dios y el otro muere con un gesto un poco amargo porque la vida es un chiste del ADN. El creyente es un iluso y qué más da, si los dos se están muriendo. No sé si realmente Lacan tiene razón cuando dice la religión gana. Son profecías de Lacan.

Koselleck hace una diferencia: la profecía por un lado y los pronósticos por otro. Estos últimos se jactan de tener cierta cientificidad pero en el pronóstico también hay un elemento muy especial. Una encuesta ¿informa de algo o incide sobre eso de lo que informa? Recuerdo cuando la derecha francesa amenazaba con Le Pen. Cuando apareció Le Pen una izquierda que estaba desencantada se empezó a movilizar para que la derecha no ganara y Le Pen no ganó. Si no hubiesen existido tales encuestas nadie se hubiera movilizado para evitar que ganara y el resultado hubiera sido otro.

Podemos ver los pronósticos ahora que estamos al borde de elecciones: sube este, baja el otro, ¿es información sobre acontecimientos? No, son acciones políticas bastante triviales, pero tienen efectos no siempre calculables.

La profecía es diferente, me refiero a la religión, acepta lo que Koselleck llama aceleración. Estamos en un momento de aceleración y de Apocalipsis: no hay dónde ir. Acelerar para nada hasta que se choque contra algo. Lo vemos en el discurso de Francisco, dice: “paren por favor” y no hace más que verificar como el mundo va en un sentido apocalíptico, no tiene un plan para evitar tal cosa. O si lo tiene se lo calla. Entonces, esta profetización religiosa, esta manera de la profecía, confirma a Lacan: la religión triunfa el psicoanálisis fracasa, pertenecería a esta racionalidad.

Voy a citar una frase del libro de Koselleck “No están frente a frente quien saluda la secularización como la exitosa domesticación de la autoridad eclesiástica por el poder de un consenso fundado racionalmente, y quienes en el mismo proceso de búsqueda de tal acuerdo ven depravación y expropiación ilegítima” dos posiciones de un lado la acción, expropiación ilegitima y del otro está lo sagrado.

A mí me gustaría charlar, es una costumbre de dar clases. Algún religioso fanático o lacaniano convencido de que no es un buen filo para hacer publicidad a nuestra empresa, podría comenzar.

-César Mazza: ¿Podrías retomar, a propósito del primer aforismo, lo que Freud llama neurosis de destino? Y ¿Cómo juega en las antípodas la contingencia: el destino versus la contingencia o ese programa silencioso?

-Germán García: Te puedo decir alguna de las cosas que me parecen. Vamos un poco más atrás, el libro de Georges Steiner La muerte de la tragedia. Steiner llama la atención sobre el hecho de que en Hamlet dentro de la tragedia aparece una parodia. Es decir que ya en Hamlet la tragedia como estructura histórica se empieza a volver tragicómica. Lacan vuelve a citar lo tragicómico en una obra de Paul Claudel donde un hijo saca un arma apunta al padre y tira: clic. No sale el tiro pero el padre muere de miedo. Entonces qué es esto ¿una tragedia?

Digamos que lo que dice Steiner a Freud le calza muy bien. Hay una idea, que es la misma idea de progreso, la ilustración de la que está hablando en este libro de Koselleck que cité. Porque la palabra secularización la cuestionamos. Pero la idea de progreso, racionalidad, hace que el destino se disuelve en Shakespeare. Tomo Shakespeare porque es la figura emblemática de este tema. Jan Kott lo plantea bien en las obras de Shakespeare sobre el poder, La tempestad, y otras. Una rueda donde alguien va subiendo en el poder hasta un punto donde la rueda empieza a volver. El poder es un movimiento circular de vida y muerte y no hay una antelación de eso -llamase destino, fortuna, lo que te toca en suerte-. Me parece que de alguna manera Freud hace eso pero se diferencia del optimismo norteamericano del “tú puedes” cualquier cosa, de las comedias. A diferencia de esto, no hay ningún yo que pueda. Porque lo difícil de entender es que Freud haya inventado con la ilustración un individuo que no es libre, que no puede valerse de su libertad, ni orientarse por su racionalidad. Como dice Kant “somos esclavos de nuestra minoría de edad”. Nuestra minoría de edad es pensar bajo la tutela de alguien que ocupa nuestro lugar “Dios es más íntimo para mí que yo mismo”, algo así decía San Agustín.

Freud o Lacan dirían: con tutores o sin tutores no hay un sujeto autónomo. La teoría de las facultades psicológicas -razón, imaginación, memoria- esa tríada que viene de Aristóteles, no es Ello, Yo y Superyó. Ni inconsciente, preconsciente, consciente. Es un sujeto que está roto, en cada una de esas instancias hay una Spaltung, una división. La escisión del sujeto escapa al control del yo.

Como está Diego Tatián aquí, aprovecharé para hablar de El Antiedipo, un manifiesto de Deleuze y Guattari escrito para provocar a Jacques Lacan. Citan el capítulo 2 de La Genealogía de la Moral de Nietzsche cuyo aforismo dice: “educar es crear un animal capaz de hacer promesas”. Y sacan una conclusión de resonancias espinozistas, al estilo del deseo es la esencia del hombre. El famoso superhombre de Nietzsche se compone de olvido, falta de identidad y de memoria. Schuld (significa en alemán tanto deuda como culpa) que obliga a cumplir las promesas, desaparece. Deleuze y Guattari dicen la genealogía es la moral de Nietzsche y no el Ensayo sobre el don de Marcel Mauss, es lo que deberíamos usar para el psicoanálisis. Si fuera posible lo que dice Nietzsche el psicoanálisis sería una cámara de tortura que pone a recordar lo que es mejor olvidar. Porque Nietzsche parte de la idea de que cada uno tiene una capacidad de olvido y que la educación, desde la caricia al castigo, es una manera de hacerte recordar lo que se desea olvidar. Para Freud la represión no es el olvido, es la memoria más tenaz, es la repetición. Al fin, para Nietzsche, hay eterno retorno.

Usted Tatián, ¿qué dice? hombre de la filosofía. Yo no sé nada.

-Diego Tatian: mi pregunta es, si en alguna instancia el psicoanálisis se deja conmover por lo que pasa fuera del psicoanálisis. Porque hay una gran hospitalidad por ejemplo de la literatura, la ciencia, de parte del psicoanálisis. Porque si es lo mismo hacer política en Estocolmo, o en Buenos Aires bajo un signo democrático de uno u otro. O el psicoanálisis es poroso ¿se deja afectar por esa exterioridad?

-Germán García: Los psicoanalistas europeos que rodeaban a Freud, eran en su mayoría, judíos de lengua alemana. ¿Dé que manera lo afectaron los hechos exteriores? Los que pudieron se fueron, otros fueron a parar a los campos de concentración, muchos se instalaron en Estados Unidos. Freud y su hija Anna en Inglaterra. Los efectos de esa dispersión determinaron el mapa del psicoanálisis en el mundo. Adquirió diversas formas, entre ellas la llamada “psicología del yo” que Lacan supo criticar con dureza argumentando que habían inventado una teoría al servicio de un yo adaptado a los intereses de la libre empresa Robert Galbraith dice que para los ricos americanos la democracia es perfecta, porque si un rico hace malos negocios pierde sus riquezas y si un pobre hace las cosas bien se hace rico. Nadie está mal, eso es la libre empresa. Eso es lo que los psicoanalistas como R. Löwenstein y compañía apoyaron. La crítica viene a lo que hicieron cuando estaban libres, no que huyeran cuando los estaban por matar.

Porque cuando decís el psicoanálisis ya estamos en lo que yo trato de evitar: esa versión holística. En el psicoanálisis hay gente conservadora, de izquierda, hay gente de todo tipo. Pero cuando te organizas psicoanalíticamente haces una cláusula de poner en suspenso -siempre que no afecte a lo que estás haciendo- las creencias de cada uno de cómo tiene que ser el mundo. ¿Qué te parece? ¿Muy liberal?

-Diego Tatían: Un poco raro esa partición de ser alguien que tiene creencias respecto al mundo más allá de su ejercicio teórico, intelectual y después cuando se trata de hacer eso se pone en suspenso. Porque mi pregunta iba no a que si una persona por ser judío se ve afectado y tiene que huir de un país al otro. Sino en cuanto a científico entre comillas, intelectual, persona que estudia libros, ¿cómo ese trabajo, no la biografía, se ve afectado por un trasfondo político? En el sentido más lato.

-Germán García: Bueno, en esos casos se inventan estrategias. No sé. Por ejemplo el psicoanálisis en la Argentina creció, se organizó mejor dicho bajo el primer gobierno de Perón, evidentemente no era porque el gobierno de Perón estuviera interesadísimo en psicoanálisis, era porque le parecía tan insignificante que no hacía nada y aquellos analistas en vez de ir a golpear la puerta y hacerse funcionarios de Perón, se dedicaron a inventar editoriales, revistas, etcétera y crearon de manera civil, dentro de lo que se podía, un montón de cosas. A mí me interesa mucho la historia de las ediciones y de las traducciones porque enseña. Quién tradujo qué y en qué año, enseña más de la política que las cosas que diga cada uno. Digo esto porque la nuestra es una cultura de importación, con perdón de los originarios.

Uno ve que el partido comunista tenía editoriales extraordinarias, una colección de Editorial Lautaro donde publicaban a Lévy-Bruhl y a antropólogos clásicos y todo eso circulaba, porque el foco estaba puesto en la cultura de masas y la cultura ilustrada no le interesaba al gobierno. Por eso el grupo Sur, hace pinta de su lucha pero no luchaba nada. Metieron presa a la mamá de Borges porque molestaba a una señora en avenida Florida, después la soltaron, al otro día.

Creo que esas cosas son respetables. Que uno no decide sobre el conjunto de la sociedad en la que vive y que entonces uno piensa sobre que tenés la posibilidad de incidir. En la época de Perón la educación estaba en manos de la religión y después la cultura estaba ahí suelta, en los rincones. Se conocían los curas recalcitrantes que se dedicaban a perseguir liberales ateos. No sé qué decirte, mi postura es bastante coloquial…

-Diego Tatían: Si sigo hablando me voy a convertir en honoris causa.

-Germán García: ¿por qué no? Me parece muy bien. Yo sé decir grandes palabras pero me parece que no viene al caso, no quiero decir más de lo que hacemos: hacemos eso, después se pueden decir muchas cosas.

Gracias

Saludo final


“El profesor existe cada vez que la respuesta a esa pregunta está, por así decir, escrita, escrita en su aspecto o en su comportamiento, en aquella especie de condicionamiento que podemos situar en el plano de lo que llamamos preconsciente, es decir, algo que se puede expulsar, venga de donde venga, de las instituciones o incluso de lo que se llaman sus inclinaciones.
No es inútil percatarse de que el profesor se define entonces como aquel que enseña sobre las enseñanzas”. 

Jacques Lacan
Seminario 10, pág. 187, Bs. As.: Ed. Paidós, , 2006 

Texto establecido de la Conferencia dictada por el autor en ocasión del acto de entrega del Título Doctor Honoris Causa en el Salón de grados de la Universidad Nacional de Córdoba el 15 de agosto de 2014.

[1] Se refiere al libro de 1978 La entrada del psicoanálisis en la Argentina. Bs As. :Ed. Altazor; 2ºEd. Catálogos, 2005.

[2] Modelo de Grupo de trabajo de 4+1, propuesto por Jacques Lacan

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