Germán García - Archivo Virtual / Centro Descartes, Buenos Aires

Encuentros con Germán García

# (2019). Encuentros con Germán García. Por Félix Chiaramonte. Recuperado de link

Hace unos catorce años lo llamé por teléfono.
A mediados de los ‘80 había leído su crítica a la crítica del psicoanálisis del casi inmortal Bunge, y también lo escuché en una conferencia en San Isidro en los ‘90 cuando expuso las tres razones del nombre Descartes para una nueva Fundación, dentro del Campo Freudiano: por el filósofo francés, un guiño para otros analistas, la pista del seudónimo de Juan Domingo Perón en artículos periodísticos, y finalmente, si la propuesta no tenía éxito , “descartarse”. En el difícil 2002 fui a una charla que dio en la Biblioteca Nacional, así como antes y después funcionó de antídoto para mi fervorosa militancia en algunas clases que daba en la sede de Jean Jaurés.
Mis inquietudes políticas no me dejaban suficiente margen para la práctica que luego sostendría más firmemente. Pero ya sabemos que el tiempo es cuestión de deseo. La política se moría y el amor también, la angustia era un sostén antes de la nada. Una transferencia anticipada de un análisis porvenir metaforizaba una guía que signaría un modo de vida. 
Llamé desde la estación Retiro. Contestó sin ambages, con un par de preguntas que incluían el por qué y el para qué, de dónde lo conocía, quién era yo. Apenas pude responder, y porque su interrogación me interpelaba, entendí que ese sujeto que hablaba en mí estaba decidido. 
En la segunda entrevista que tuvimos me impresionó la seriedad con que se tomaba palabras que podían pasar por nimias y que su intervención convertía en divinos detalles. Hablamos de la actualidad, quería probar mi sed de justicia social y reivindicaciones varias por un pueblo que aún no entiendo. Conversamos acerca del sintagma “derechos humanos”. Me dijo que también era algo que supo utilizar Estados Unidos, y lo que pude ubicar fueron los años de la presidencia de James Carter, tal vez vitales en mis recuerdos de infancia: 1976-1980. Abrió su notebook para constatar el dato. A continuación proseguimos con elogios y críticas a Perón, siempre con chistes que traslucían lo serio de la cuestión. 
Analizarme de mis sintomas neuróticos no ha sido fácil. Pero tal vez no lo es para nadie. No hay recetas. Tomé algunas enseñanzas, como aquella de ser pesimista en el pensamiento y optimista en la acción, parafraseando a Gramsci, y la frase que supo decir una noche luego de una clase: la vida es una novela que termina mal. 
Sin embargo sabía cómo ayudar a descubrir lo que cada uno no sabe de sí, con una alegría en la tarea que me supo transmitir, que me llevó a construir con otros una institución analítica para pasar del saber supuesto al saber expuesto, sin encerrarse en el privilegio de las verdades no discutidas y posibilitar, una vez más, una salida singular e independiente. 
En la última sesión era mi voz la que preguntaba. Así me reveló anécdotas de un pretérito trabajo como publicista y yo lo conecté con la vocación de mi hijo, me comentó sutilezas de lecturas condensadas en su infinita biblioteca, y terminamos hablando de la historia que, dando giros en un gesto real con sus manos, culminó en un decir : El psicoanálisis y sus vueltas. Así fue el título de una Jornada en Tigre, pero al mismo tiempo una clave del viaje lacaniano con el retorno a Freud, la dialéctica de su enseñanza con Masotta, y un final abierto en la república de las letras , más allá de la muerte.

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