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septiembre 2026

    En la edición de Septiembre, difundimos “Presentación” de Germán García. Se trata de un texto introductorio al primer tomo de la serie ‘Conferencias Porteñas’ (Jacques Alain Miller, publicado por Paidós en 2009).
García destaca la importancia de leer las coordenadas locales de la época en la que transcurren estas conferencias, luego de la muerte de Jacques Lacan, “la década en que se definen salidas culturales que intentan superar la desertificación sufrida” por la dictadura. En lo que respecta los grupos analíticos, se trata de poder advertir sus derivas; sin Lacan en persona, el ‘todos’ ya no será posible.
Esta Presentación exhibe -como su epígrafe lo anuncia- una apuesta a interrogar el término ‘entender’ en su relación al ‘extimado estilo de Miller’: “más de un lector descubrirá con sorpresa que ha sido enseñado sin saberlo por tal o cual explicación que encontrará en estas conferencias”.

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"Al cabo de algunos años empecé a sospechar que cuando los demás dicen que entienden en realidad están viendo ese vago resplandor, esos contornos de humo, esas difuminadas sombras que yo nunca habría osado antaño designar como entender."
Rafael Sánchez Ferlosio


Éste es el primer tomo de los tres que componen las Conferencias porteñas. Como cada una de las conferencias habla desde Lacan, encontraremos su valor en la secuencia de las intervenciones de Jacques-Alain Miller. Además estas conferencias transcurren en la Argentina, en esa década decisiva que va de la muerte de Jacques Lacan, en septiembre de 1981, a lo que será la fundación de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Es, también, la década en que se restablecen las conexiones truncadas por el cierre que la dictadura había impuesto al país, la década en que se definen salidas culturales que intentan superar la desertificación sufrida.

Tener en cuenta el trasfondo de estas conferencias pone de relieve la prudencia, la energía y la decisión con que Jacques-Alain Miller lleva adelante el programa propuesto, a partir de la disolución de la École freudienne de Paris (EFP) por Jacques Lacan, quien adopta la escuela que será de sus alumnos: École de la Cause freudienne (ECF). Ahí comienza, también, la expansión del Campo freudiano.

Con seriedad Jacques-Alain Miller jugó esta partida simultánea, ante el asombro de sus antagonistas y la simpatía y el respeto de quienes nos dejamos enseñar lo que sabíamos que ignorábamos del psicoanálisis.

Cuando llega a Buenos Aires, está dispuesto a responder a lo que le propone el título "La lógica del significante". Al leer ahora, uno entiende que se trata de algo más que eso, que algo nuevo empieza: "Aquí, a lo largo de esta semana de trabajo, tendré que experimentar qué es hablar, trabajar, pensar, después de la muerte de Lacan".

Las conferencias que dicta son espléndidas, porque, más allá de su ahora legendaria claridad, Jacques-Alain Miller incluye a la audiencia en los efectos de su "virtud indicativa": lo muestran su comentario de la correspondencia Frege-Russell, los párrafos que elige para leer, el relato de ese sobre vacío que circula entre los dos científicos.

Pero no me propongo anticipar lo que cada uno podrá "entender" a su modo, en su tiempo de lectura.

En ese mismo viaje Jacques-Alain Miller dicta otra conferencia con el título "Clínica del superyó" donde comienza por recordar que estuvo al amparo (sic) del trabajo de Jacques Lacan desde 1965: "Acaba de producirse, en este mes de septiembre de 1981, un corte que cierra para mí un ciclo de más de quince años. En mi seminario de esta mañana dije que era la primera vez que hablaba en público después de la muerte de Jacques Lacan y que no sabemos aún qué nos deparará esta nueva época que se inicia".

Esa década que comienza con el desamparo y también con la dispersión que produce la ausencia de Jacques Lacan puede ser recorrida en las puntualizaciones periódicas que realiza Jacques-Alain Miller con su presencia iterativa en Buenos Aires. Una escansión decisiva se puede leer en la "Conferencia internacional" de 1988 que describe, entre otras cosas, las "difuminadas sombras" de la trama que se ha ido constituyendo: "La responsabilidad que nos atañe se extiende no sólo a los grupos que están aquí sino aun a los que no están y a los vínculos más secretos, a veces los del temor, los celos, el odio, los de la transferencia negativa. Si no estaremos nunca todos es, por último, porque faltará para siempre entre nosotros quien no está ya presente en persona, quiero decir,Jacques Lacan".

Los pasos previos

En una nota previa a Entretien sur Le Séminaire, fechada el 21 de julio de 1985, Jacques-Alain Miller cuenta que el entonces joven suizo Francoise Ansermet lo entrevistó para hablar del "establecimiento de El Seminario de Jacques Lacan". Esas entrevistas terminaron en enero de 1984 y fueron publicadas en Ginebra. Traducidas al castellano en 1999 no despertaron la atención que merecen las reflexiones sobre ese trabajo, las enseñanzas sobre problemas precisos, las comparaciones con otros autores transcriptos -Aristóteles, Heidegger- y, en particular, el interés que tiene el recorrido trazado: "En mi caso, leí a Lacan durante tres meses, tres meses antes de encontrarlo - en enero de 1964 ... ". Retengamos al pasar que esa lectura comienza poco antes de que Jacques Alain Miller cumpliera veinte años. Dice un poco más adelante: "Mi trabajo sobre Lacan estaba fundado en lo que hice esos tres meses, a partir de esos escritos, sin el Seminario, sin haber oído jamás a Lacan, sin haberlo visto nunca. Esto me llevó, a pedido de Althusser, al compromiso de hacer una ponencia de dos horas, a comienzos del año 1964, y como me ocurre a menudo, no dejé ninguna huella escrita de esas horas. Pero, cualquiera que sea el costado rudimentario de mi primera aproximación, todavía la suscribo. Evidentemente progresé, pero con el mismo espíritu lógico, enseño Lacan desde 1972, recorrí sistemáticamente su obra durante siete años en un curso semanal de la Universidad de París VIII, lo interrumpí durante dos años y lo retomé después de la muerte del Dr. Lacan en 1981. Empiezo un segundo período en el que me parece que llego a su problemática subyacente. Lacan dice muy bien que no tenemos necesidad de conocer el plano de una casa para golpearnos la cabeza contra las paredes: ¡Y bien, trato de recomponer el plano de esa casa que es la enseñanza de Lacan, y que él construyó golpeándose la cabeza!". Con esta propuesta llega a la Argentina donde no podían faltar (nada es todo) algunas cabezas que decidieron seguir dándose contra las paredes.

Este tomo concluye con una conferencia a los estudiantes de psicología (1989) donde se anticipan las consecuencias del principio "el analista se autoriza por sí mismo", cuando se pasa por alto que el sujeto de la frase es "el analista".

Comenta Miller: " ... ese principio solo es un principio de disolución de la práctica analítica misma. Puede significar que, bien, voy a terminar mi Licenciatura en Psicología en la Facultad, después voy a empezar a analizar y quizá cinco o seis años después voy a tratar de analizarme, ya que antes voy a ganar dinero para eso. Se produce una autodisolución de la práctica".

Hoy está claro que la confusión del psicólogo con el psicoanalista plantea la pregunta siguiente: cómo un psicólogo se convierte en psicoanalista. En una "Escuela" el término analista problematiza su identidad al dividirse en practicantes/miembros/de la Escuela. Y es eso, una Escuela, lo que Miller propone a los estudiantes de psicología: "Así, en este balance del lacanismo, a diez años de la muerte de Lacan, en el momento en que la difusión del lacanismo está en el máximo, creo que en los próximos años debe realizarse en los distintos países un esfuerzo para responsabilizarse de la práctica analítica. He podido verlo, por ejemplo, en el hecho de que nuestros colegas de España, de toda España, piensan en la construcción de una Escuela nacional. Lo he visto en Brasil, donde ocurrió lo mismo. En la Argentina, como ocurre muchas veces, la situación es más complicada en razón de la multiplicación de los grupos analíticos, pero creo que ellos también comparten esa preocupación".

No me propongo glosar la compleja variedad de cuestiones tratadas. Tampoco podría hacerlo. Sólo quiero señalar que más de un lector descubrirá con sorpresa que ha sido enseñado sin saberlo por tal o cual explicación que encontrará en estas conferencias. Es que ellas dicen entre líneas, mediante alusiones y comentarios, que las cosas están tramadas en una simultaneidad que avanza para crear entre la organización de los grupos locales el vacío que hará surgir el deseo sofocado de una Escuela, según la "Proposición" de Jacques Lacan: "¿Qué ocurrirá en la Argentina cuando se plantee la cuestión de una Escuela que lo sea, quiero decir que esté hecha para estimular el desarrollo del psicoanálisis en toda la Argentina?" ("Conferencia internacional" 1988). La respuesta es una tarea que prosigue.

Modos de intervenir

El lector encontrará agrupadas dos conferencias, una de 1981 y otra de 1984, con el título de "Clínica y superyó". Y allí en el apartado tres que se llama "Hacia una clínica cínica" (1984) descubrirá algo del método de Jacques-Alain Miller, que dice más que el elogio que se repite sobre su claridad. Se trata del peso del término intervención que significa tomar parte en un asunto, interponer uno su autoridad, incluso mediar. Bien, el apartado tres comienza así: "Son muy pocas las intervenciones que me he permitido hacer a propósito de la enseñanza de Lacan. Cuando digo intervenciones no se trata de lo que se hace abundantemente, es decir, hablar o charlar a propósito de Lacan. Intervenir es mucho más peligroso, tiene más peso. Por ejemplo, hacer esa pequeña tarea que consiste en puntualizar pares de conceptos. En cierta forma puntualizar pares de conceptos fue mi intervención a propósito de la enseñanza de Lacan y puedo decir que efectuarla me ha llevado veinte años de preparación. Síntoma y fantasma, por ejemplo, es una decisión de intervenir para ayudar a leer a Lacan, para que se pueda trabajar con la enseñanza de Lacan y no sólo repetirla fascinándose con su complejidad. Fue una decisión de intervenir para levantar un velo sobre algunas estructuras de su enseñanza, de tal modo que se pueda ahora, en una página de Lacan, ver que la complejidad retórica y conceptual de su desarrollo al mismo tiempo se ordena, puede ordenarse, a veces, de una forma binaria".

Sigue un comentario irónico: "Parece que esas intervenciones mías no fueron apreciadas, no fueron del gusto de todos. No puedo satisfacer a todos". Y esta ironía lo lleva a explayarse sobre el gusto de Lacan por el cuatro, sobre el uso del tres y también del uno.

Pero, además, desliza en un destello comparaciones entre el tres del nudo borromeo y el correspondiente de la dialéctica hegeliana, sin olvidar su gloria en el arte cristiano con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Quizás el secreto de la difamación del número dos se deba a la falta de una mediación, de un tercer término que logre una componenda que no sea la repetición. Pero, como advierte Miller, la pareja conceptual de metáfora y metonimia no supone una tercera figura que le sirva de mediación. Tampoco alienación y separación.

Ya que presento las conferencias porteñas de un amigo francés del que aprendí tantas cosas, seré sentencioso: sus intervenciones muestran que hacen falta dos para bailar un tango. También para realizar la experiencia analítica.

Por eso el extimado estilo de Jacques-Alain Miller es una clínica de la enseñanza. De la enseñanza de Jacques Lacan: un estilo que exhorta a su audiencia para que acepte el número dos, de la división y la oposición, en la comunidad del conceptismo lacaniano. Puedo imaginar el tono, la leve ironía de su voz, que tuve la suerte de oír en tantas ocasiones.


FUENTE: # (septiembre 2009). Presentación. En Conferencias porteñas Tomo 1, de J.A.Miller (pp.9-13). Buenos Aires: Paidós. 

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