Blog de la Biblioteca y Archivo del Centro Descartes
junio 2026
“Inconsciente y cultura” es el trabajo de Germán García que difundimos en la edición de junio. Se trata de una disertación del año 1983 en la Universidad de Lérida, España, convocada para abordar el “concepto de cultura” desde diversas disciplinas.
Invitamos a los lectores a encontrarse con un modo decidido de transmitir las particularidades del psicoanálisis, en su tensión con otros discursos. No se trata, entonces, de hablar ingenuamente de “interdisciplina” para leer las coordenadas de una cultura, sino de instituir lo propio de una práctica que se sostiene en la transferencia.
García afirma que “el camino que conduce de la fantasía al síntoma es el mismo que lleva del cuerpo a la cultura”; desde allí despierta la atención sobre temas que inciden en el contexto de su interlocución, concluyendo sobre los límites -y virtudes- de la “literatura comparada”.
Dos singulares notas a pie de página leídas como intervenciones relanzan el interés por esta presentación.
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INCONSCIENTE Y CULTURA (1)
A finales del siglo pasado Freud escribe Estudios sobre la Histeria y en 1930 El malestar en la cultura. En el primer libro se trata de cuerpos que sufren de causas que no son orgánicas, en el segundo esto se generaliza. Dicho de otra manera, el camino que conduce de la fantasía al síntoma es el mismo que lleva del cuerpo a la cultura. El síntoma llama a la interpretación y desde antes del psicoanálisis se le pedía interpretación a los astrólogos, los sacerdotes, los adivinos, etcétera. Algo en el sujeto le hace suponer que otro -algún otro calificado en cierta forma- sabe de sí algo que ignora. Eso, después de algún tiempo, llevó al descubrimiento de la transferencia.
Freud, que era neurólogo, trató en sus comienzos de elaborar un Proyecto de psicología para neurólogos. A pesar del lenguaje que usa se encuentra allí una certeza que nunca lo abandonará: el sexo no es inmanente al cuerpo, la excitación llega al sujeto desde algún otro. Freud entonces del 'complejo del semejante', es decir, de la manera compleja en que se articulan para cada sujeto los 'representantes' de esos otros primordiales que realizan la 'acción específica' que su prematuración no permite.
Freud trabaja con las histéricas y no deja de ser una paradoja para feministas que el logos soporte el retorno de la diferencia de los sexos por la paciente escucha de este hombre. Antes de Freud el logos es homólogos -si se me permite el juego de palabra-, incluso monólogos.
Freud escucha mujeres que vomitan, tienen parálisis, les repugnan los hombres, se les inerva el cuerpo de diversas maneras.
Estas mujeres no se dejan llevar con tanta facilidad a los proyectos del Hombre, de la Humanidad, etcétera. Luego, escuchando hombres aparece el síntoma de la paternidad. Los hombres y las mujeres no tenían problemas iguales, tampoco simplemente diferentes. Digamos que un conjunto de 'unión' podría dar una idea aproximada de la doble sustracción de aquello que se pone en 'común'.
La medicina se había constituido por una exclusión que había dado lugar al surgimiento de la psiquiatría: enfermedad mental. ¿Era fácil saber de qué se trataba con la palabra mental?
Sufrimientos causados por 'fantasías'. Esto no era fácil de tragar, puesto que esas fantasías eran ciertas 'apariciones'. ¿Cómo abandonar la verdad definida por el correlato del enunciado y la cosa, por una verdad fundada como causa en aparecidos y apariciones?
Esto se le impone a Freud, esto le imponen aquellas mujeres: en el origen de la sexualidad existe siempre una seducción (el padre, el tío, un hermano). Alguien seduce, luego existe el deseo.
La fantasía tiene un poder patógeno, puede dividir al sujeto y producir sufrimientos. En 1900 la Interpretación de los Sueños viene a mostrar que el sujeto del 'pienso, luego existo' no existe donde piensa y piensa donde no existe. A esto se le llama inconsciente. Freud mismo dice que la palabra no es 'adecuada', incluso la abrevia de manera que en castellano sería algo como INC. No es necesario sustantificar esta palabra que existe en nuestra cultura desde mucho tiempo antes que Freud. Este sujeto piensa cuando duerme, cuando delira, cuando es atravesado por un lapsus. Y no puede pensarse pensando sino en un espejismo que desde la hipnosis hasta la autoconciencia de Hegel muestra la captación del sujeto por su imagen, la casi equivalencia entre la mirada y lo que se llama consciencia. Cuando me pienso pensando solo reprimo, de lo que se deduce que sé más de lo que digo y digo más de lo que sé. No existen personas ignorantes y la ignorancia, la docta ignorancia, tiene una cierta función simbólica que no es el caso exponer ahora. Si la represión existe, cada uno sabe demasiado.
Hoy los fatigamos a ustedes con cierto saber, con cierto 'conocimiento'. ¿Qué quieren ustedes saber? Sea lo que sea, existe alguna cosa que no quieren saber.
¿Cómo explicar que existan personas en Lérida interesadas por el problema de la 'cultura'? Es raro y es caro, puesto que ustedes no tienen un mercado de la cultura. Compran, pero no venden eso.
Saben, saben demasiado. Y si dudan es a causa de la angustia, de una certeza que no podría soportarse. Hablo de cada uno, no hablo a ninguno. Jacques Lacan recomendaba hablar a las paredes porque eso resuena. Si quisiera dirigirme a cada uno de ustedes no lo haría a ninguno, si quisiera hablarles como un conjunto eso tampoco marcharía.
La consecuencia de reprimir un saber es quedar pendiente, a la espera de que otro diga/no diga ese saber que se reprime.
¿Queréis que os adivine el porvenir? Nos fascina que nos digan algo, que nos lean las manos, lo que sea.
Otra cosa es la certeza, eso que se relaciona con una palabra en desuso, con la palabra vocación. La vocación es la llamada y algunos arriesgan (poetas, pintores, etcétera). Arriesgan cierto juego con el deseo donde no saben de antemano si perderán y qué perderán, si ganarán y qué ganarán. Más bien, saben que de cualquier manera perderán sin saber qué y ganarán sin saber qué. Este es otro tipo de ignorancia. Salvador Dalí podía jugar a ser notario como el papá, pero jugó a hacerse notorio. Y le fue bien como notorio, aunque no sabrá nunca qué perdió como notario.
Luis Buñuel es otro, en fin, esos que saben divertirse con cierto riesgo y que por eso nos atraen y también queremos rechazarlos.
Gente así, para una psicología poco inspirada, puede pasar por enfermos mentales. No se aburren, no obedecen, no faltan de alegría por lo que tanto esfuerzo se les ofrece... sí, es gente que está un poco chalada. La salud es la reverencia al vecino que se llama con pudor referencia a 'las condiciones sociales'.
Me resulta difícil contarles Freud, decirles algo de Lacan en poco tiempo. Tengo la certeza de que aquello que saben sobre Freud y sobre Lacan hasta el momento, está equivocado. Leí cómo se leyó Freud en España. Leí lo que dicen algunos psiquiatras y algunos psicólogos. Es decir, los 'calificados' para decir.
Invito a la lectura, me gustaría que alguno se molestara por esto y que argumentara alguna réplica. Yo argumentaría entonces mejor sobre lo que hago resonar aquí.
No es que conocer Freud sea una cosa fundamental para la vida, por lo general es conveniente no saber de estas cosas. La gente lo sabe, se la pasa mejor olvidando un poco estas historias y entregándose a un determinado hábito, a determinadas conductas. No importa saber Freud, sino abrirse a esa dimensión de lo que se ignora. Y no para saberlo, sino para olvidarlo.
Jacques Lacan ha simplificado -en sentido lógico- a Sigmund Freud, por eso hoy sabemos leer un poco mejor. Un poco mejor a Freud, gracias a Lacan. No quiere esto decir que, a su vez, sepamos leer Lacan.
Escuché aquí hablar de los universales. Me pareció extraño que nadie recordara la teoría de la 'ficción' elaborada por Jeremy Bentham. Es muy útil, puesto que era utilitarista. ¿Los universales vienen de Dios, son captados de la realidad, pertenecen a la mente? Poco importa, puesto que se piensa con 'ficciones' y se las cambia si demuestran ser un obstáculo. Después está Godel y la idea de que la consistencia no es completa y la completud no es consistente.
Y el conjunto universal que es subconjunto de sí y, por supuesto, tiene un conjunto vacío. Por eso me pareció extraña la discusión sobre el 'valor universal' de lo que se llamaba 'ciencias humanas'.
Jacques Alain Miller llamó la atención sobre la conveniencia para el psicoanálisis de no olvidar la lógica recursiva, las secuencias regulares/irregulares de Kreisel y lo expuesto como consecuencia del teorema de Godel por Lorenzo Church. La tesis del inconsciente se prueba -mientras no sea refutada- caso por caso.
Estoy de acuerdo con la definición, algo de genérica, de la cultura como un campo de lenguaje. Estoy de acuerdo siempre que no olvidemos que para un animal existe tanto lo simbólico como lo imaginario, pero que no tiene acceso a ningún real. No digo la realidad, esa que se percibe. Digo algún real, que se calcula. Los animales se transmiten cosas, las relacionan. Pero aquello que es real no se 'relaciona'. La piedra de Spinoza, la piedra que hacía Spinoza podría reposar en el fondo del mar sobre otra piedra por siglos. No llegarían a ninguna relación. Las llamadas ciencias son maneras de calcular partes de lo real. ¿De qué real habla su ciencia? La gramática no se preocupa por lo real del lenguaje, sino que lo toma por un dato y habla de ciertas relaciones.
El problema de la cultura es el problema de la transmisión de la cultura, de la transmisión -quisiera subrayar-. Lévy-Strauss, Lorenz: sabemos que existe algo de eso en los animales. Roger Callois también mostró el juego del camuflaje, el disfraz, la intimidación a partir de la ruptura de la teoría del mimetismo como 'utilidad' defensiva.
Freud decía que los padres no necesitan de la genética para transmitir neurosis a los hijos, les basta con el deseo.
Por lo tanto, el sujeto dividido -estos términos los propone Lacan para leer a Freud- no aquél de San Pablo (la carne tira para un lado, el espíritu para el otro). No se trata tampoco de cuerpo/psiquis. El sujeto dividido implica que el lenguaje introduce una división en el cuerpo y no entre el cuerpo y otra cosa. La función orgánica se convierte en erógena y entonces tropieza, falla y se resiste a funcionar.
Para llegar a esto fue necesario que pasaran algunas cosas. Primero Saussure, luego Jakobson, incluso Lévi-Strauss. Luego Jacques Lacan tomó distancia con la antropología y la lingüística. Promovió su 'nudo' de tres -real, simbólico, imaginario- que se anuda por un cuarto término -el síntoma.
Redujo la 'cultura' a cuatro discursos (Maitre, Universitario, Histérico, Analítico). Algo sobre esto pueden encontrar en Radiofonía y Televisión (traducido en Ed. Anagrama). Antes tienen Escritos (traducidos en Ed. Siglo XXI) y están saliendo en castellano los Seminarios (traducidos en Paidós).
Jacques Lacan es extenso, nada lineal y de una extraña consistencia donde el equívoco de la palabra juega en el límite con letras y lugares de remisiones muy precisas.
En cuanto a la idea de un determinismo, no olvidemos que existe en Freud la noción -muy compleja después de 1920- de trauma y que Lacan introduce en ese lugar la 'tyche' (azar, suerte) para decir que el inconsciente que determina la neurosis bien puede no estar determinado por nada. La suerte, el encuentro, con algo de lo real.
Por otra parte, si Marx comienza su Capital diciendo que la mercancía es un objeto exterior que puede satisfacer al estómago y/o a la fantasía, se encuentra en Lacan una diferencia entre la necesidad y la demanda -para no hablar del deseo- que muestra que existe otra dimensión. A Marx no se le escapa el 'fetichismo' de la mercancía, pero no puede decirse que allí se lleve muy lejos sus consecuencias.
La necesidad implica un sujeto y un objeto que satisface o no. El hambre, decía Freud, no se puede reprimir. En la demanda el objeto aparece en 'negativo', es un don que se relaciona con la presencia y/o ausencia del otro. Un don, algo donde se pone en juego la función engañosa del amor: al que le falta no sabe qué le falta, el que se propone no sabe qué se propone. Basta que alguien suponga saber lo que le falta y que otro proponga que eso es lo que sabe que tiene, para que hablemos de amor.
Por el lado del deseo sería necesario -si queremos dar un paso respecto a la creencia bíblica de que los varones desean a las mujeres y a la inversa- hablar de identificación. ¿Cómo decir que la 'rapport' sexual no existe sin que parezca una mera provocación? Más allá de la rutina del coito la religión inventó cosas para goces ignorados, para goces que difícilmente -según los místicos- pueden decirse a quienes no los experimentan. Los místicos, en esto, no son bíblicos. Pero existe un dios de goce en el Antiguo Testamento, como existe un dios que es Bien Supremo en Platón y un dios que sabe hacer marchar las cosas en Aristóteles. ¿El goce, el saber y el bien? Sí, suelen ser cosas relacionadas con lo que las mujeres esperan de los hombres, de la misma manera que los hombres andan siempre entre la madre, la amada y la muerte -la buena muerte, quiero decir.
Es difícil, sin duda, hablar de 'interdisciplina'. Y, en lo que hace al psicoanálisis, es bueno recordar que es sólo el discurso de una práctica y que no se propone -al menos en lo que hace a Freud y Lacan- como 'modelo' de explicación de prácticas diferentes. Freud usó material literario, sociológico, antropológico, etcétera, como medios de transmisión y como prueba suplementaria. Era lo que se llama 'literatura comparada' y no mucho más y tampoco mucho menos que eso.
Agradezco la paciencia y espero vuestras preguntas (2).
Germán Leopoldo García
NOTAS
(1) El título es una exigencia del planteo 'interdisciplinario' que nos reunió. Por nuestra parte, resultaría difícil juntar esos términos por una 'y'.
(2) Las preguntas y las respuestas no fueron grabadas. Esta disertación fue revisada y corregida por el autor, quien prefirió mantener el tono 'testimonial' de su intervención efectiva.
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