Blog de la Biblioteca y Archivo del Centro Descartes
abril 2026
En la edición de abril publicamos “Intrusión textual”, intervención de Germán García en ocasión de una mesa redonda organizada bajo la pregunta: “¿En qué están ustedes de acuerdo y en qué están en desacuerdo con la comunidad analítica a la que pertenecen?”.
García resalta como perspectiva la decisión de no desconocer la ciudad donde una comunidad se desarrolla. Las palabras que se usan en una y otra sostienen una relación tal que hace imposible caer en la ingenuidad de una inmanencia. Se trata, siempre, de considerar el valor de las “intrusiones textuales”.
Rabelais es retomado bajo una serie de referencias para tensar, por ejemplo, el uso lúdico que muchas veces Lacan sostiene de los términos de la ciencia.
“La escuela que instaura la pregunta por el deseo del analista no puede evitar un identikit de analista construido por el grupo”: esta paradoja denuncia la falta de una identidad que será contrapuesta con “las profesiones delirantes” de Valéry.
Dirección de Biblioteca y Archivo del Centro Descartes
Aclaro algo para que se entienda la perspectiva que he tomado. Ocurre que cuando quiero pensar en la comunidad analítica, inevitablemente me aparece la ciudad en que esa comunidad se desarrolla. Es decir que para mí siempre está este filtro, esta cosa doble de que la Escuela está en una ciudad, pero la ciudad está en la Escuela de múltiples maneras y, especialmente, en el hecho de que esta Escuela construida con palabras no puede ser ajena a la vida que esas palabras tienen en la ciudad. No se puede encontrar la lógica de su discurso en una especie de inmanencia aislada de la ciudad. Explico esto para señalar por qué he tomado esta perspectiva y no otra. He tomado como figura emblemática a Rabelais, como respuesta a que hay unos autores, un americano y un belga, haciendo ola en contra de Lacan y de la cultura francesa en nombre de las ciencias duras. Yo pensaba en ese momento -quizá por que no y lo he comprobado con amigos míos de las ciencias duras- que hay en Lacan, a veces, un uso lúdico del lenguaje de la ciencia, un uso juguetón, analógico y hay que ponerle un poco de humor y, evidentemente, no hay que subirse al carro de la solemnidad de una ciencia dura que nosotros no podemos mostrar.
Anoche hicimos una encuesta aquí sobre una pregunta que quedó abierta: ¿el psicoanálisis es una ciencia blanda a causa de las mujeres o de los varones que la componen? Nadie la pudo responder.
Bien, he dividido en siete puntos mi exposición.
1. Un cartel
Soy el más uno de un cartel internacional compuesto por Jorge Alemán, Miquel Bassols, Juan Carlos Indart y Jacques-Alain Miller. El tema es la comunidad analítica y lo producido por Jorge Alemán no está registrado, porque consiste en conversaciones periódicas sobre nuestros acosos producidos por la “asunción de lo que otros confieren”.
Miquel Bassols ha dicho lo suyo, publicado en el número 2 de nuestra revista Mas uno, en torno al qué de la identificación. De Juan Carlos Indart encontré en la librería Paidós algo que publicó en Madrid y que registré como efecto de nuestro cartel, aunque sea sobre otro tema.
Jacques-Alain Miller también publicó en Más uno su intervención en el Centro Descartes que llamó: “Nueve facetas de la comunidad analítica”. Las enumero: cómica-lógica-operativa-trágica-dionisíaca-cínica-epistémica (pseudo-epistémica)-inconsciente-exquisita.
2. Un desplazamiento
En 1971, cuatro años después de la “Proposición ... “, Lacán escribe: “... que actualmente Rabelais sea finalmente leído, muestra un desplazamiento de los intereses con los cuales concuerdo mejor” (1). Rabelais había sido leído: ¿de qué nueva lectura se trata?, ¿cuáles son esos desplazamientos de intereses? Es el año en que aparece otra edición del insólito libro de Bajtin sobre la risa en Rabelais, donde la cultura cómica popular -cuyo escenario es la plaza pública, su máxima expresión el carnaval y su característica más acusada lo grotesco- es estudiada como inversión topográfica de lo establecido.
Ahora, que algunos ponen el grito en el cielo por el uso metafórico, cuando no lúdico, que Jacques Lacan hizo de ciertos términos de la ciencia, no está de más recordar qué hace Rabelais con las disputas teológicas, médicas y filológicas.
Es también interesante, para un presente agobiado por las incertidumbres de los géneros -sexuales-, asomarse a la solución encontrada en la comunidad de Théléme: “... entre los hombres y las mujeres reinaba tal entendimiento que ellos todos los días se adornaban y se vestían como ellas, y, para no equivocarse, ciertos gentiles hombres se encargaban de decir todas las mañanas a los hombres qué vestidos querían llevar ese día las mujeres, pues todo se hacía al gusto de éstas” (2).
El “inconsciente” es presentado al final del libro l de Gargantua y Pantagruel como un enigma profético, que no se sabe si trata de las vicisitudes de la verdad divina o de una oscura descripción del juego de pelota.
3. La deuda
En 1953, en “Función y campo…”, encontramos una exaltación de Rabelais: “Así, es la virtud del verbo la que perpetúa el movimiento de la Gran Deuda cuya economía ensancha Rabelais, en una metáfora célebre, hasta los astros (...) Identificada con el hau sagrado o con el mana omnipresente, la Deuda inviolable es la garantía de que el viaje al que son empujadas las mujeres y bienes trae de regreso en un ciclo infalible a su punto de partida otras mujeres y otros bienes…” (3)
Lacan alude al parlamento donde Panurgo, cargado de deudas por su mala administración, se justifica en estos términos: “las deudas -dice- son como el lazo de unión entre los cielos y la tierra, y unen a su vez a los hombres entre sí (...) en un mundo en el cual todos prestan y todos deben … Qué armonía se produce … entre los movimientos regulares de los cielos (...) Entre los humanos paz, amor, afecto, fidelidad, reposo, banquetes, festines, alegría, regocijo”. Lacan está en Roma, en plena ruptura.
4. Palabras heladas
En 1956, a propósito de la situación del psicoanálisis, ocurre otra visita a Rabelais: “La industria humana a la que ese orden determina más que sirve no está sólo allí para conservarlo, sino que ya visiblemente lo prorroga más allá de lo que el hombre domina de él, y los kilos de lenguaje cuya presencia podemos señalar en esta mesa son menos inertes si los encontramos corriendo sobre las ondas cruzadas de nuestras emisiones por abrir el oído incluso a los sordos de la verdad que Rabelais supo incluir en su apólogo de las palabras heladas” (4)
“¡Ved! -dijo Pantagruel-. No se descongelaron aún. Y nos arrojó sobre el puente varias palabras congeladas, de frisada superficie y diversos colores. Vimos entonces palabras coloradas, azules, negras, doradas. Estas, al calor de nuestras manos, fundíanse como nieve”. Los colores nombrados, menos el dorado que alude al brillo de las palabras mismas, son heráldicos. Este episodio ha sido comentado de muy diversas maneras. En la revista Descartes número 11 está publicado un trabajo de Alain Vaillant sobre las palabras congeladas, que ilumina en forma indirecta la referencia de Lacan.
5. Fruslerías antídoto (fanfreluches antidotée)
En 1957, hablando de la instancia de la letra en el anfiteatro Descartes de la Sorbona, Lacan invoca una vez más a Rabelais: “Para interpretar el inconsciente como Freud, habría que ser como él una enciclopedia de las artes y de las musas, además de un lector asiduo de las Fliegende Blatter. Y la tarea no nos sería más fácil poniéndonos a merced de un hilo tejido de alusiones y de citas, de juegos de palabras y de equívocos. ¿Tendríamos que hacer oficio de fanfreluches antidotée (fruslerías antídoto) ?” (5)
Estas fruslerías, estos adornos superfluos, son elevados a la dignidad de verdaderas formaciones del inconsciente, y Rabelais comparte el honor con los tres libros clave de Freud, citados un párrafo después. “Fruslerías con antídoto” es el título de un enigma de Rabelais, nunca resuelto, con vagas alusiones al protestantismo, a cuestiones religiosas y mitológicas, al Papa y otros temas. El enigma comienza con una “O” entre signos de pregunta.
A las palabras congeladas, parece responder Lacan, hay que aplicarles el antídoto de los juegos de palabras, del goce verbal de las adivinanzas y las charadas. También el fanfreluche sexual.
Pantagruel, azorado por el lenguaje “pindarizado” de un estudiante, comenta: “Creo que nos forja un lenguaje diabólico y que nos hechiza como un encantador”.
6. Una paradoja
La escuela que instaura la pregunta por el deseo del analista no puede evitar un identikit de analista construido por el grupo.
Esta paradoja, que muestra la falta de identidad, fue advertida por Lacan desde su tesis de juventud cuando citaba a Valéry apropósito de las profesiones delirantes. Lo dice muchas veces y con particular gracia en el Seminario 1: “Es tan extravagante decir con relación a la realidad, ‘yo soy psicoanalista’ como ‘yo soy rey’. Ambas afirmaciones son totalmente válidas y, sin embargo, nada las legitima en el orden de lo que podemos llamar la medida de las capacidades. Las legitimaciones simbólicas en función de las cuales un hombre asume lo que otros le confieren escapan por entero al registro de habilitación de las capacidades” (6). Hoy la respuesta es el pase.
7. Intrusión textual
Tibor Fisher, en una divertida novela que se llama Filosofía a mano armada, tiene un personaje que se dirige a Bordeaux, región de Montaigne, que le marca el paso: “El encanto de este arreglo -dice- es que los filósofos fallecidos no pueden negarse a bailar (...) Ese es el contratiempo de estar muerto y publicado: uno está abierto a toda hora. Entrada libre. Cualquier puede entrar y darse una vuelta, hacer comentarios despectivos o estúpidos y quedarse todo el tiempo que quiera. Una intrusión textual”.
Este arreglo es el que hacen muchos con Lacan, con Freud. Entrada libre, intrusión textual. En mi caso, al menos, la Escuela me ha vuelto más advertido de las intrusiones textuales de los otros, y más responsable de mis propias intrusiones textuales.
Notas
1 Lacan, J. Lituraterre, inédito en español, en Ornicar?, n º 41, Navarin Editeur, Révue de Champ Freudien, 1987.
2 Rabelais, Gargantúa y Pantagruel, Libro 1, Buenos Aires, Ed. Orbis, 1982, pág. 174
3 Lacan, J. “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, en Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI, pág. 268.
4 Lacan, J. “Situación del psicoanálisis en 1956”, ob. cit., pág. 450.
5 Lacan, J. “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, ob. cit., pág. 502.
6 Lacan J. “El concepto de análisis”, cap. XXII, en El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Buenos Aires, Paidós, 1991, pág. 405
Best AI Website Creator