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Reportaje a Emilio Vaschetto

Por Asociación Amigos de la Fundación Descartes

Emilio Vaschetto es psicoanalista miembro del Centro Descartes e integrante de la Comisión Directiva de la Asociación Amigos de la Fundación Descartes. Además es médico psiquiatra del servicio de salud mental del hospital Central de San Isidro donde coordina el equipo de urgencias subjetivas. Actualmente es vicepresidente del capítulo de epistemología y psiquiatría de la Asociación de psiquiatras argentinos y miembro del comité editorial de la revista Temas de historia de la psiquiatría argentina. Miembro del equipo de asistencia de PAUSA.

AAFD: Para comenzar ¿Cómo fue su encuentro con el psicoanálisis?

E.V.: Resultó de una confluencia de al menos tres cuestiones: el fracaso de un amor de juventud, las fallas del discurso médico y una lengua nueva para mí, el discurso analítico. En ese entonces cursaba mi tercer año de la carrera de medicina en Córdoba y me encontré con una cátedra llamada ambiguamente "psicología médica" que estaba compuesta en su mayoría por psicólogos y psicoanalistas en su mayoría lacanianos de distintas parroquias. No dudé en incoporarme, una vez terminada mi cursada, como ayudante. Por otro lado, la contingencia hizo que, paralelamente al comenzar a analizarme, me encontrase de golpe escuchando una conferencia de Eric Laurent y quedase resonando en mí una intervención de Germán García -que la recuerdo más en su potencia discursiva que en el sentido de lo que quería transmitir. De hecho para mí era todo muy nuevo y no poseía las herramientas conceptuales para poder entender de qué se trataba. Sin embargo no por eso dejaba de producir su efecto. Casi que podía captar la textura del significante sin saber siquiera que había existido un tal Saussure.

De todo esto quedaron en mí las huellas de una resonancia particular, por decirlo así, de otro modo de hablar y de escuchar y una clínica de lo particular; en oposición a la mirada médica. Otra relación al saber y a la verdad que desde ese momento ya no pasará para mí por las estructuras de visibilidad que desnudaba la disección del cuerpo. Debo decir que mi interés por la psiquiatría vino un tiempo después, luego de mi graduación y partió de mi aproximación a la clínica de las psicosis.

AAFD: Recientemente participó de un encuentro de psiquiatras que se realizó en Saint Anne, ¿Cuál fue su participación dentro del mismo y qué comentarios le merece el encuentro?

E.V.: Tuvimos la oportunidad junto a unos colegas del capítulo de historia y epistemología, el profesor Juan Carlos Stagnaro y el Dr. Norberto Conti, de participar de un "enchange" franco-argentino dentro del marco del Congreso Europeo de Historia de la Psiquiatría. Junto a nuestra participación llevamos cerca de sesenta libros, lo que para mí fue la marca de un verdadero acontecimiento, ya que tuvimos la posibilidad de fundar en la biblioteca del hospital Saint Anne una sección dedicada a autores argentinos (psiquiatras, psicoanalistas, filósofos) que han producido ciertos efectos de significación en nuestra historia. Yo me encargué en particular de la sección de psicoanálisis, y es curioso, ya que junto a los libros de Oscar Masotta y de Germán García me encontré llevando algunos libros de Alejandro Korn. Eso recorta mi propia historia. Mi primer trabajo de investigación fue sobre la figura de Alejandro Korn, quien fue veinte años director del hospicio de alienados más grande de sudamérica. Yo terminé ahí mi residencia como psiquiatra y casi nadie de los que trabajaban tenían presente su nombre (que desde 1973 es el nombre de ese hospital). Me llamaba poderosamente la atención que se lo denominara "Melchor Romero" que era el nombre del agrimensor que había donado las tierras al gobernador Udaondo. Se ve cómo las políticas de olvido producen sus efectos. Hay que volver sobre los trabajos de Korn y poder ver no sólo su originalidad sino cómo en su crítica a la noción sustancialista de la conciencia y al realismo ingenuo pueden ser calibrados con todo su peso en la actualidad.

Un poco éste fue también el espíritu de mi exposición en el congreso. Ir al rescate de algunos nombres y hombres que produjeron acontecimientos de discurso. A su vez las líneas de investigación que en la ocación expuse en forma sumaria, están en la serie de lo que viene trabajando Germán ya desde La entrada del psicoanálisis en la Argentina y que se ha ido cristalizando con su reciente libro Ejemplos argentinos. No soy precisamente un historiador, pero sí me interesa un tema que incluye el desarrollo de una matriz disciplinar, la psiquiatría, donde el eclecticismo y el entrecruzamiento paradigmático es la regla. Por ejemplo, es ya conocida por muchos de nosotros la periodización de la historia de la psiquiatría hecha por G. Lanterie-Laura en tres paradigmas (el de la alienation mentale, el de las enfermedades mentales y el de las estructuras psicopatológicas). Ahora bien, cuando uno se remite a los documentos, vale decir cuando va a las fuentes y lee las tesis de psiquiatría de fines del siglo XIX o primera mitad del siglo XX; o buceando en los archivos perdidos de los hospitales de nuestro país, se encuentra con un uso de las nosologías un poco sui generis. Se ve el efecto -como le gusta decir a Stagnaro- de "refracción de ideas", si bien no creo que él esté del todo de acuerdo con mi hipótesis del entrecruzamiento paradigmático.

A su vez, intenté dar unas pinceladas, de cómo la recepción de la disciplina en nuestro país

Decidí en mi trabajo tomar un arco temporal 1890-1964, que abarca lo que podríamos denominar “la clínica social” de José María Ramos Mejía hasta la inclusión del psicoanálisis en castellano a partir de la lectura de Jacques Lacan por Oscar Masotta, utilizando como operador el eje de las nosologías. Dar cuenta en alguna medida de la excepción cultural que configura el psicoanálisis en nuestro país.

Así como no hay clínca sin ética, no podemos comprender la particularidad que comporta la práctica del psicoanálisis en nuestro país, si antes no investigamos cuáles fueron las condiciones de producción discursiva o sus debates culturales.

Creo que al nivel de la historia y la clínica tanto en nuestro país como en otros, la psiquiatría y el psicoanálisis pueden confluir en un debate enriquecedor. Si tomamos en cuenta las enseñanzas del doctor Jacques Lacan en sus continuas referencias a los maestros de la psiquiatría, sabremos que todavía nos queda mucho por aprender de esa clínica del detalle. Séglas afirma lo que Chaslin pone en signos de interrogación la psiquiatría no es una lengua bien hecha. De tal manera que el saber heredado de los maestros, enlazado necesariamente con una estética muy particular y en solidaridad con las lenguas autóctonas (Francia, Alemania, Inglaterra), se ha instalado con sus equívocos en las distintas regiones y sobre todo en nuestro país. Y en ese malentendido que poco toleran los manuales clasificatorios actuales, es donde yo veo la potencia discursiva y una de las posibilidades de diálogo con el psicoanálisis. Desde luego no la única.

AAFD: También tuvo una entrevista con Eric Laurent, ¿Qué nos puede contar de la misma?

E.V.: Fuimos junto con Carolina Alcuaz, quien también integra el plantel profesional del hospital de San Isidro. Más que una entrevista fue una conversación grabada acerca del psicoanálisis aplicado a los dispositivos institucionales y en particular a la experiencia que llevamos adelante en nuestro hospital. Esta experiencia se ordena a partir del concepto de "red". Que no es otra cosa que un "circuito", en el sentido de un circuito significante. Probablemente salga publicada en unos meses. Lo que más rescato en lo personal de ese encuentro, muy amable por cierto, es la idea del uso que uno puede dar a los dispositivos en el sentido de la invención. De qué manera uno en una institución, sea cual fuere, debe tratar de tener la suficiente plasticidad para poder dejar hacer al síntoma. Es una frase que E. Laurent mencionó un par de veces "los usos del síntoma", y cómo -en la medida que se pueda- hay que dejar hacer un uso del síntoma. Este es nuestro esfuerzo y es la política que lleva adelante el doctor Guillermo Belaga que es el actual jefe de servicio.

AAFD: Por último, ¿Cuál es su perspectiva actual dentro del proyecto Descartes?

E.V.: Este año tuve la posibilidad de asistir y dar cuenta de la práctica en el espacio de Enseñanzas de la clínica. Ambito de intercambio fluido y de debate profundo que vierte opiniones y sienta posiciones que van más allá de la ilustración universitaria. Me parece muy fructífero, no sólo por el hecho de dar razones de nuestra práctica sino también para poner en tensión el conocimiento de la doctrina con lo singular del caso.

En esta perspectiva se ensambla el seminario, con un vector de enseñanza dentro del marco de la orientación lacaniana y la política llevada adelante por J-A. Miller, que produce sus efectos tanto en los asistentes (alumnos, docentes, invitados), como en nosotros mismos quienes somos responsables de la transmisión. Esto hace que haya desde luego una elaboración personal pero también una elaboración colectiva. Un cierto feedback en lo colectivo pero con un plus singular a capitalizar en la investigación.

Por último, la Asociación de Amigos de la Fundación Descartes, que surgida por un deseo decidido de Beatriz Gez, se inserta en un lugar de extimidad respecto del Centro Descartes, configurando una cara política fundamental, que al igual que el coro griego acompaña con otras voces el contrapunto del cántico principal hacia otra parte. Sus consecuencias (lo vemos con el curso Lecturas... o con el encuentro con otros actores de la cultura que no son analistas) se sienten al modo de una reverberancia en el corazón de la ciudad, en los ciudadanos que se acercan convocados por nombres como Oscar Masotta o Germán García.

Yo diría, entonces, "nuestra perspectiva" es otro paisaje cultural para el psicoanálisis.

 

 
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