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Reportaje a Patricia Blanch

Por Asociación Amigos de La Fundación Descartes.

Patricia Blanch forma parte del “proyecto Descartes” desde 1992 y adhirió a la Orientación Lacaniana desde el inicio. Integra el consejo de gestión del Centro Descartes y la Comisión de Investigación del mismo. A partir de este año participa del módulo de investigación sobre intervenciones terapéuticas, que depende del Departamento de psicoanálisis del Centro Descartes. Es docente del Debate Freud / Lacan.

AAFD: ¿Cómo fue su encuentro con el psicoanálisis?

PB: Mi encuentro con el psicoanálisis tiene tres momentos. El primero es cuando conozco a Oscar Masotta en la facultad, era” una mancha en el paisaje”, que es como Germán García nombra un rasgo de la extimidad. Comencé a estudiar con él, antes de finalizar la carrera de psicología. Lamentablemente por un corto tiempo. Antes de partir a Londres, nos dio varios nombres de sus “jóvenes discípulos”, para continuar con el trabajo del grupo.

Optamos por otra mancha en el paisaje, el autor de “Nanina”.

El segundo encuentro lo constituyó la reunión del nombre – olvidado, de quien había sido para mí, la única docente de la facultad que algo me transmitió con su lectura de Freud – con la analista que había elegido para mi segundo análisis, Marta Erramuspe. Análisis que inicié y que esta vez, si, llegó a su fin.

El tercer encuentro está en relación con la convicción, alcanzada con mi inclusión en el “proyecto Descartes”, de la necesidad de una política colectiva para perseverar en el futuro del psicoanálisis.

AAFD: ¿Cuál fue su recorrido en estos años?

PB: En los setenta,- quien no aceptaba que la hegemonía de la formación pasaba por la APA, aún en sus propuestas por fuera de la institución,- realizaba dicha formación en grupos de estudios, control y la práctica en un hospital. Así es como ingresé, con una visión bastante romántica en el servicio de psiquiatría del Hospital Rivadavia, visión que concluyó en otra: hacer lo que se podía. La experiencia en el hospital Fernández fue diferente. Lo que permitió mi rápido ingreso, lo supe tiempo después, fue haber sido alumna de Masotta. El grupo, con el auspicio del Servicio Materno-infantil, padecía el peso de los nombres de los que los habían precedido. La orientación era analítica, pero bastante ecléctica, supervisiones con kleinianos, cursos con algunos alumnos reconocidos por Masotta, análisis institucional con integrantes de Plataforma y Documento. Dicho análisis concluye en una organización del grupo, donde la coordinación la compartimos Inés Dulitsky y yo. Fue una época de entusiasmo, trabajo intenso, interés y de una orientación del psicoanálisis con niños desde una perspectiva lacaniana.

A pesar del cambio que hay en el país a partir del 76, nuestro trabajo, en apariencia, no se vio alterado. Años más tarde, la carrera en Salud Pública de algunos, y este es un aspecto en donde se refleja como las cosas habían cambiado, se intenta y se logra el pasaje de Psicopatología Infantil al área de Salud Mental. Dejaban de ser auspiciosos los aires del Hospital. Algunos de nosotros renunciamos, el resto se fue yendo con el tiempo

Por esa época había ingresado en el departamento clínico de la APBA (Asociación de Psicólogos de Bs. As.). En un principio se trataba sólo de trabajo. Después de un tiempo y con el acompañamiento de otros, tratamos de hacer de ese lugar de trabajo, un espacio donde la práctica fuera puesta en cuestión. Objetivo logrado a medias, pues aún integrando el consejo de dirección, constaté que toda política referida a la práctica, era atravesada por la política gremial, que a su vez respondía a la política general. Ocho miembros decidimos irnos y cuarenta nos siguieron en el proyecto de una institución de investigación y asistencia en psicoanálisis. Proyecto que se concretó para mí, por espacio de 10 años. Nos interesaba también el lugar del psicoanálisis en la cultura. Interés que se plasmó en un ciclo que duró cinco años en el Centro Cultural Recoleta, “el debate de las ideas”. Debo reconocer la influencia y la orientación de Germán García en la consideración del psicoanálisis en un panorama más amplio que la clínica.

Con respecto a la enseñanza, mi paso por la cátedra Freud (UBA) estaba animada por el deseo de probar lo que realmente conocía. El camino era no esconder las referencias bajo la mesa y la argumentación, y cosas por el estilo.

AAFD: ¿Cuál es su perspectiva actual dentro del “proyecto Descartes”?

PB: En los inicios del “proyecto Descartes” sólo estuve en algunas lecturas y en la participación en una jornada sobre el psicoanálisis con niños. En 1992 por invitación de mi amiga Graciela Musachi, integré un módulo de investigación, “El dispositivo analítico: entrada y salida”. Concluye en 1995 – de manera muy propicia – con un trabajo expuesto y con mi entrada en el Descartes. Luego vendrá el módulo de Clínica de las transformaciones familiares, cuya responsable, Déborah Fleischer, es mi otra amiga en el campo del psicoanálisis

Enseñanzas de la clínica, la comisión de investigación, el equipo de enseñanza en el programa de estudios integrales, han sido y son lugares en donde he tenido ocasión de poner a prueba, no las condiciones de posibilidad del psicoanálisis, sino de como opera. Esto es el fundamento de la enseñanza, de la investigación, de las intervenciones en la cultura y de la práctica. Esto me ha orientado en mi recorrido particular. El “proyecto Descartes” me ha dado la posibilidad de participar en aquella dimensión que enlaza lo anterior con una precisa política para el psicoanálisis, que no sólo define que tipo de presencia debe tener en los conflictos contemporáneos, sino también aquella que haga posible su permanencia.

 

 
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