Reportaje a Norma Barros
Por Asociación Amigos de La Fundación Descartes.
Norma Barros forma parte del “proyecto Descartes” desde sus inicios en 1986, es miembro del consejo de gestión del Centro Descartes e integra la Comisión de Investigación. Participó en la constitución de la Escuela de la Orientación Lacaniana de la que es analista miembro como así también de la AMP. Es docente del Instituto Oscar Masotta desde su creación y desde este año del ICBA.
AAFD: Contanos de tu encuentro con el psicoanálisis, el exilio en México y cómo fue el retorno a Buenos Aires.
N.B.: Mi encuentro con el psicoanálisis tiene distintos tiempos. El primero, fue en el contexto de lecturas literarias, donde el azar de visitar una biblioteca ajena y generosa, me facilitó un ejemplar de La interpretación de los sueños y Psicopatología de la vida cotidiana, de un autor, Sigmund Freud, que me dio más de una pista acerca de la potencia que tiene aquello que se calla y lo que falla en la vida cotidiana. Y el deseo inconsciente. Eran los 50 y fue una lectura "romántica". Mucho más tarde entendí que era la irrupción de un saber sin sujeto. Un segundo tiempo, teórico, según los cánones de la época, universitario digo ahora, está referido al ingreso a la carrera de Psicología, cuando ésta formaba parte de la Facultad de Filosofía y Letras. Felizmente se trató de una cuestión de gusto y no del imperativo de la salida laboral. Lo digo así, porque luego de algunos rodeos por facultades que suponía poseer para la medicina, el derecho y hasta las matemáticas, me encontré con otros discursos: el de la filosofía, la sociología, la historia, la antropología, las psicologías y el psicoanálisis. Década del 60, por supuesto, y del debate con las ciencias sociales o ciencias humanas, adversarias del psicoanálisis. Y la política. Pero ¿qué psicoanálisis? En realidad, el promovido por el programa universitario de la A.P.A., circuito paralelo de formación de psicólogos, que luego seguiríamos en análisis, supervisiones y grupos de estudio "privados" de poder ingresar a la formación psicoanalítica oficial. Así fue, el estudio cronológico de Freud, el de los ortodoxos de APA., hasta el 66. Kleiniano, con algo de Winnicott y Bion, a partir de Onganía. Me olvido de Fairbain, necesario como fundamento para estudiar las técnicas proyectivas, de especial interés para los que se interesaban en la clínica. Las técnicas psicométricas, en cambio, no eran psicoanalíticas, porque medían y clasificaban. Las proyectivas, sí. Un tercer momento, abreviando, cuando ya egresada y trabajando, en un grupo de estudios, alguien llegó con la novedad de que la "teoría de la técnica", como tal no existía, ya no se sostenía más la fragmentación del corpus freudiano en metapsicología, escritos técnicos, escritos antropológicos, etc. El grupo de estudios, era justamente de "teoría de la técnica". Se disolvió enseguida. Y no sólo eso. También se fundamentaba en Freud, que no era ningún requisito, sino hasta un obstáculo ser médico para practicar el psicoanálisis. Y si no, lean Psicoanálisis Profano. ¿Quién lo decía? Un psicoanalista francés, Jacques Lacan .Y ¿quién lo enseñaba en Buenos Aires? Oscar Massota. Era fines del 74. Conocí a Germán García, y a través de su enseñanza, el trabajo de Oscar Masotta, su modo de construir un orden de temas y la secuencia de las razones (al modo del establecimiento de J.A.Miller), y también, lo que implicaba una política de publicaciones. Como estudiante, El Yo y los problemas de la adaptación de H. Hartmann, era un artículo que sabía de memoria. La dimensión epistémica, clínica y política del psicoanálisis se empezaba a poner en evidencia para mí, pero todavía no era tiempo de concluir, era el instante de ver. Como también había estado en la militancia política, en junio de 76 llegué a México, D.F. Me preguntás por el exilio. Literalmente, ese viaje lo llamaré exilio, porque fue el acto de ex-patriarme por motivos políticos. Así lo define el diccionario. Pero más cercano a mi vivencia, diré que el exilio había empezado antes, al advertir que el proyecto al que me había sumado tomaba una orientación que no compartía. Y decidí dejarlo. Y también, que lo que había fuera de él, se volvía cada vez más horroroso. Y eso no era lo peor. Lo peor fue y sigue siendo la dictadura y el terrorismo de estado. Ningún eufemismo. Ningún proceso. En México, siempre lo reconozco y lo agradezco, Marie Langer y Diego y Gillou García Reynoso, ya habían generado un movimiento en ciertos ámbitos de la cultura de gran interés por la práctica de los psicoanalistas argentinos. Y en ese espacio, nos alojamos todos. Era un agalma que nos agrupó en un principio, pero el interés o el rechazo de la enseñanza de Lacan y sus consecuencias institucionales y clínicas empezó a generar divisiones. Fue un tiempo de estudiar entre pares, de tratar con muchos pacientes, de escuchar otros acentos, y de un análisis con un analista que había asistido a los seminarios de Lacan. Supe en carne propia, el corte de la sesión y otro valor para el pago. Allí empezó mi encuentro con otro psicoanálisis. El Primer Encuentro Internacional del Campo Freudiano, en 1980, generó más polémica aún, ahora entre los lacanianos. Yo fui. Fui una de las dos que viajamos. Y otros dos colegas mexicanos de la A.P. Mexicana. El saldo, para mí se produjo en distintos registros. Escucharlo a Lacan, entender los argumentos de la fundación de la Escuela de la causa freudiana, el reencuentro con muchos compatriotas, muchos también exiliados, todos masottianos, según sus decires. La sorpresa de una ausencia. A posteriori, un mayor interés por conocer los avatares de lo transcurrido en la Argentina, y la decisión, tres años después del regreso en 1983, de participar desde su fundación de la Biblioteca Internacional de Psicoanálisis. Fundada por Germán García en 1986, y acordar con una política que implicó también la disolución de la BIP, el ingreso a la EOL y la apuesta al proyecto del Centro Descartes, una realidad que "exige registrar qué se entiende de la enseñanza de Jacques Lacan y de qué manera esa enseñanza afecta la práctica de cada uno, de uno por uno". Así lo propone Germán García.
AAFD: Respecto de la enseñanza ¿Cuál fue tu experiencia en la Universidad y actualmente, cómo se desarrolla la misma en el Instituto Oscar Masotta ya que sos responsable de la Delegación de La Rioja?
N.B.: La universidad: De 1970 a 1974 y de 1984 a 1998 fui docente de la universidad, primero en la carrera y luego en la facultad de Psicología. En la segunda etapa, enseñé Freud, con un programa en principio establecido a mi entender según la enseñanza de Masotta, y también M. Klein y Winnicott, desde la lectura de J. Lacan. Y fui adjunta a cargo, por concurso, desde el 84 hasta el 98 de la materia Psicología, desplazada al CBC a partir del 85, con un programa propuesto por Beatriz Grego, que incluía a Canguilhem, Levy-Strauss, Saussure, Miller, Masotta, Freud, Lacan. La deuda del programa con la enseñanza de Masotta era evidente y lo que lo hacía interesante. Este programa de enseñanza de la sexualidad y el lenguaje en la estructura del sujeto evidentemente desajustado para una psicología general, no sobrevivió al concurso para la renovación del cargo y por supuesto yo tampoco. El desencanto fue mutuo.
El IOM. El IOM es una realidad de otro orden. Se trata de la enseñanza del matema, es decir lo que debe ser demostrado y argumentado y es allí, como dice Miller donde el psicoanálisis se encuentra con la universidad. Esta enseñanza es de orientación lacaniana, y hoy existe en todas las capitales del país y en muchas ciudades de la provincia de Buenos Aires. Es una red que permite el encuentro y el trabajo con colegas, que a su vez difunden la enseñanza y la práctica del psicoanálisis bajo el modo de las clases, los coloquios-seminarios, la presentación de libros, la publicación de revistas, de periódicos, la organización de debates con otros discursos. Después de participar como responsable del CID Chaco-Corrientes y del CID Pergamino, ahora continúo como responsable de la Delegación de La Rioja. El acierto fue la elección de un tema a desarrollar este año, sugerido por G. García, teniendo muy en cuenta la particularidad local. El curso de un programa organizado en cuatro conferencias: “La eficacia del psicoanálisis con niños” y el trabajo de organización de los responsables locales generaron este año una convocatoria excepcional. Si como propone el Comité de Iniciativas del IOM, las actividades de cada delegación tendrán entre sus objetivos ampliar la transferencia de trabajo, interesar a otros colegas y estudiosos del psicoanálisis, con la finalidad de establecer una base sólida para la creación futura de un Centro de Docencia e Investigación del Instituto Oscar Masotta, puedo decir que en La Rioja, lo primero ya ha podido constatarse y lo segundo es lo que hay que lograr. Cuestión de trabajo.
AAFD: ¿Cuál es su perspectiva actual dentro del “proyecto Descartes”?
N.B.: Mi perspectiva actual en el Centro Descartes es la participación en el Consejo de Gestión porque es en ese espacio, aunque no sólo ahí, donde se elabora la política del Centro y cada actividad que se propone tiene ese signo: saber de qué se trata.
Formo parte del equipo de enseñanza, en el programa de estudios analíticos integrales, que este año trabaja el seminario de La ética, en articulación con el seminario de La angustia. Y desde la Comisión de investigación estamos trabajando sobre diversas intervenciones terapéuticas para acceder a lo que G García señala e insiste como lo que no se puede ignorar en el Siglo XXI, esto es, el programa de las ciencias cognitivas. Se trata de entender esa lógica y no quedarse en la denuncia.
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