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Lecturas Críticas

SARTRE/LACAN

Reseña de Graciela do Pico

Contingencia es que pudiendo ser de otro modo se es así,
pero advertimos que podría no ser así:
esas son las contingencias de la vida.

Carlos Correas

Hace siete años, exactamente en septiembre de 1999, Carlos Correas se despedía de la Fundación Descartes con su curso breve sobre El deseo en Hegel y Sartre, publicado luego como libro por Atuel/Anáfora, y en cuya transcripción colaboré.

Este año, también en septiembre, el martes 12, se presentó en el marco de Lecturas críticas, el libro de Sara Vassallo, Sartre/Lacan. El verbo ser: entre concepto y fantasma, Ed. Catálogos. Participó, junto a la autora, Samuel Cabanchik y coordinó la actividad Germán García. Tuvo lugar un animado debate del cual ofrecemos aquí una reseña.

Este “maravilloso talento para descarriarnos”, calificativo que le dio Lacan a Sartre y que es citado por François Regnault en el Prefacio del libro, resonó en la argumentación, dialéctica y analítica a la vez, sostenida por Vassallo. Dijo que su pasión por la lectura de Sartre desde su juventud marcó la posibilidad de entender luego, en la enseñanza de Lacan, nociones como “no hay relación sexual” o “ el Otro no consistente”.

La libertad fue el tema que eligió para iniciar la charla y sobre el que volvió una y otra vez situándolo, por ejemplo, como una versión anticipada de la noción lacaniana de que el Otro no existe, para entrecruzarlo finalmente con el concepto de lo real en Lacan. La libertad es para Sartre, dijo, esa nada que nos separa del en-sí, que nos hace estar siempre excluidos del otro, donde la responsabilidad de los actos son de una persona desamparada que no tiene más remedio que serlo.

Germán García señaló que Lacan, en un reportaje que le hace Paolo Caruso en el ‘69 o ‘70, hace un elogio de las descripciones de Sartre sobre la mirada, de ciertas figuras como el sadismo, pero que luego matiza y dice que en tanto no se dedica a la práctica del psicoanálisis habría un límite en lo que plantea.

Sartre era un enemigo del psicoanálisis, afirmó entonces Vassallo. La alteridad era para él el fundamento de la realidad; estamos entrampados en la mirada del otro que nos hace otro, estamos en el infierno del otro. Sus textos tienen una fuerza filosófica excepcional, pero su sistema, lacunario, fragmentario y contradictorio, se basaba en un dualismo y es en ese punto donde es absolutamente incompatible con Lacan.

Según Cabanchik, el libro de Sara Vassallo tiene un gran valor porque hay poco producido entre nosotros tan articulado, con toda la obra de Sartre y con la perspectiva que le permite la mirada lacaniana, sobre lo que llama biografías: Flaubert, Baudelaire, Mallarmé. Se trata de un libro sobre Sartre a partir de Lacan, pero con una simpatía por Sartre que entiende que no es frecuente encontrar dentro del ámbito del psicoanálisis en general. Sartre, a su entender, es uno de los pocos filósofos en los que en su obra se encuentra lo mismo que en el campo psicoanalítico: la construcción del fantasma.

En tanto el psicoanálisis no tiene un discurso como la filosofía, sino que se hace aconteciendo, sostuvo Germán García, se podría decir eso sobre cualquier texto que exista, y agregó: ¿Qué diferencia habría entre aquellos sujetos idénticos a sus síntomas, como dice Lacan, al punto tal que su discurso y su síntoma son la misma cosa - Hegel, Descartes -, que andan solos por el mundo, y alguien que se dirige a otro, para bien o para mal? Se trata de una aporía del psicoanálisis mismo.

Sartre era un animal político; lo que todo el mundo defiende es que se equivocaba siempre en política pero que no dejaba de aparecer cuando había que aparecer. Todos los dilemas que planteó, así como su literatura comprometida, lo muestra como alguien del campo de la cultura en un mundo en el que la justicia no es posible.

Sara Vassallo coincide y agrega que para Sartre uno es lo que hace, uno es su acto, todo su teatro estaría centrado en decir eso, pero la petrificación de la mirada del otro que le valió el calificativo de oscurantista por parte de Lacan le parece una verdadera injusticia.

Cometemos un anacronismo perpetuo, dijo Germán García: en vez de ver qué hilos anuda Lacan, nos convertimos en lectores de Lacan ignorando todos esos hilos que andan por ahí. Lo cual es contradictorio, porque si Freud leyó de todo para ser Freud, si yo sólo leo a Freud estoy perdido; si Lacan leyó de todo para ser Lacan y yo sólo leo a Lacan, estoy perdido también. La misma teoría del après-coup de Lacan lleva a que se puede fabricar prácticamente cualquier causa. Lacan crea una noción de tiempo que está muy bien para la práctica analítica, pero que es bastante complicada cuando se aplica a todo. Porque como siempre voy a estar trabajando sobre hechos consumados puedo inventar ahora que en Lacan se supera todo lo que a mí se me antoja. Habría que verlo. Creo que cuando Lacan habla de antifilosofía juega un juego muy hegeliano: toma y abandona todo, y eso lo va haciendo a lo largo de toda su enseñanza.

Lo que muestra Sartre es que cuando uno actúa, concluyó Sara Vassallo, la situación te roba el ser, actuar es perderse en lo otro; en la acción política, la libertad está siempre capturada por un otro, que para Lacan sería lo real, es decir, algo que nos roba lo que queríamos hacer, ya que es en el acto cuando la libertad experimenta su impotencia, pero al mismo tiempo Sartre dice que no hay más remedio que actuar. En una primera época dijo que somos acto puro, pero después en la posguerra habla de una conversión, que no es religiosa, sino que consiste no en crearnos a nosotros mismos sino en aceptar que nuestro acto se nos hace ajeno, es decir, que todas nuestras acciones nos van a ser devueltas totalmente deformadas. Para Sartre la libertad y la alienación van juntas, la libertad no es absoluta sino que se inscribe junto con un compromiso.

 

 
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